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Rajado de la cereza (II). Manejo agronómico

El manejo del rajado empieza antes de la lluvia: empieza al elegir el material vegetal y continúa al regular cómo crece su cosecha. Como vimos en la primera entrada, la susceptibilidad se construye durante el desarrollo del fruto y el mojado puede desencadenar una pérdida localizada de integridad. La expansión de la superficie, la microfisuración y las propiedades mecánicas de la piel ayudan a explicar por qué dos cerezas sometidas al agua pueden responder de forma diferente (Brüggenwirth y Knoche, 2016; Winkler et al., 2020; Knoche et al., 2025).

La consecuencia agronómica es concreta: hay que llegar a maduración con una combinación varietal menos vulnerable y una carga y un suministro de agua que permitan conservar fruta de calibre comercial. Los ensayos muestran que el patrón puede reducir el daño en determinadas variedades, que un aclareo intenso puede aumentarlo y que el riego modifica conjuntamente rajado y tamaño. Por ello, la decisión preferible es la que mejora el balance entre producción, integridad y calibre, no la que maximiza aisladamente uno de esos componentes (Measham et al., 2012; Tersoglio y Setien, 2022; Blanco et al., 2022).

Susceptibilidad varietal

La primera decisión consiste en favorecer variedades menos susceptibles cuando la lluvia amenaza habitualmente la cosecha. Esa ventaja puede proceder de una mayor resistencia del fruto bajo una exposición comparable o de una maduración que evita los episodios lluviosos. Ambas reducen el daño, pero solo la primera describe tolerancia intrínseca. Distinguirlas permite elegir con más criterio: el comportamiento de campo informa del resultado local y los ensayos bajo un mojado común ayudan a interpretar cuánto depende del propio fruto (Measham et al., 2009; Winkler et al., 2020). Las diferencias en las propiedades mecánicas de la piel, documentadas entre ‘Regina’ y ‘Burlat’, aportan una base fisiológica para interpretar parte de esa variación varietal (Brüggenwirth y Knoche, 2016).

Los ensayos comparativos permiten concretar esa variación en materiales de interés comercial. ‘Lapins’ presentó menor índice de rajado que ‘Bing’ tanto en Apulia —6,9 frente a 30,3— como en Serbia —19,5 frente a 61,6—. En Sarajevo, ‘Kordia’ y ‘Regina’ también mostraron índices inferiores al de ‘Burlat’: 18,4 y 22,8 frente a 41,2. Estos resultados apoyan una tolerancia relativa bajo los protocolos de inmersión empleados. El índice pondera la rapidez de aparición de las grietas y debe leerse como susceptibilidad experimental, no como porcentaje de cosecha perdido por lluvia (Greco et al., 2008; Milatović y Đurović, 2010; Stojanović et al., 2013).

Para trasladar esa información a una plantación, el siguiente paso es contrastarla con el daño observado en la región. Oregon State University clasifica variedades a partir de lluvias naturales en The Dalles entre 2008 y 2018. Allí, ‘Bing’, ‘Brooks’, ‘Santina’ y ‘Skeena’ se sitúan en el grupo de susceptibilidad alta; ‘Regina’, ‘Attika’ y ‘Lapins’, en el moderado. La tabla 1 ofrece así una selección de candidatos de menor riesgo, sin convertir su posición regional en una propiedad invariable (Kaiser et al., 2019).

Tabla 1. Susceptibilidad varietal al rajado en Oregón.

SusceptibilidadVariedades
AltaBing, Brooks, Rainier, Royal Edie, Royal Helen, Santina, Skeena, Utah Giant y Van.
Alta a moderadaRadiance Pearl, Sandra Rose, Sweetheart y Tieton.
ModeradaAttika (Kordia), Benton, Chelan, Coral Champagne, Cristalina, Ebony Pearl, Lapins, Regina, Royal Hazel, Samba y Tamara.
BajaBig Star, Black Pearl, Black Star, Blaze Star, Burgundy Pearl y Suite Note.

Fuente: Kaiser, Long y Brewer (2019), tabla 1, EM 9227, Oregon State University Extension Service. Adaptación y traducción con autorización de Oregon State University. Lluvias naturales en The Dalles, Oregón (2008–2018). Se conservan las categorías originales para 30 variedades; se omiten Early Robin y Selah por aparecer en dos categorías. Attika es la denominación comercial de Kordia. Clasificación regional: susceptibilidad baja no significa inmunidad. Publicación original.

Esta lectura interesa especialmente en Chile, donde ‘Santina’, ‘Lapins’ y ‘Regina’ reúnen más de tres cuartas partes de la superficie en el último ciclo catastral analizado por ODEPA (Ovalle Reyes, 2026). Su peso comercial no implica una tolerancia equivalente. La referencia técnica de INIA para el sur de Chile considera ‘Bing’ y ‘Van’ entre las más susceptibles y a ‘Lapins’, ‘Sweetheart’, ‘Kordia’ y ‘Regina’ entre las más tolerantes, destacando a ‘Regina’. Para ese ambiente, la orientación favorece estos últimos materiales frente a los más sensibles, aunque la guía no cuantifica pérdidas comparables para todos ellos (Ellena, 2012).

En España también existen referencias que permiten concretar la elección. La tabla 2 recoge 32 variedades de la orientación técnica extremeña actualizada en marzo de 2026. Esta descripción regional puede contrastarse con ensayos de inmersión, que comparan la respuesta de los frutos ante una exposición común al agua.

Tabla 2. Sensibilidad varietal en Extremadura.

SensibilidadVariedades
Muy sensibleRoyal Tioga, Nimba, Early Bigi, Early Lory, Sweet Aryana, Brooks, Celeste, Sweet Lorenz, Frisco y New Star.
Sensible a muy sensibleVan.
SensibleNavalinda, Red Pacific, Royal Hazel, Royal Helen, Sweet Gabriel, Sweet Valina, Sonata, Lapins, Skeena, Sweet Stephany, Sweetheart, Staccato y Ambrunés.
Poco sensibleBurlat, Samba, Santina, 13S 3-13, Vera, Canada Giant, Sylvia y Somerset.

Fuente: Junta de Extremadura (2026), cuadro 2, columna «Rajado o fisiopatías por lluvia». Selección de variedades vigentes; se excluyen las bajas marcadas en azul. Sylvia figura como «Silvia». Orientación técnica regional, no porcentaje de pérdida.

Las picotas aportan un ejemplo de tolerancia respaldada experimentalmente. En Aula Dei, Tabuenca y Cambra (1982) compararon 28 variedades sobre SL 64 mediante inmersión de frutos próximos a madurez. Las medias de 1981 y 1982 situaron los índices de ‘Ambrunés’, ‘Pico Colorado’ y ‘Pico Negro’ en 3,2, 4,9 y 6,1, respectivamente, frente a 49,1 en ‘Bing’ y 58,7 en ‘Burlat’; ‘Van’ registró un valor intermedio de 27,0. El índice, calculado mediante el método de Verner, pondera el momento de aparición del daño y no equivale al porcentaje de cosecha perdido por lluvia. La respuesta de las tres picotas ante ese mojado común aporta un argumento de selección adicional a su calendario tardío, aunque su transferencia a campo exige considerar la exposición local (Tabuenca y Cambra, 1982).

La comparación debe mantener la identidad varietal. Las fichas del banco de germoplasma de La Orden-Valdesequera describen alta resistencia para ‘Pico Colorado’ y ‘Pico Negro’, pero baja para ‘Pico Limón Negro’. Si el rajado pesa especialmente en la decisión, esta referencia favorece a los dos primeros frente al último, junto con la valoración de productividad, calidad y calendario (López Corrales, 2012).

Al combinar las fuentes aparecen discrepancias que tienen una consecuencia práctica. La guía extremeña califica a ‘Ambrunés’ como sensible, pese a su resultado favorable en inmersión, y a ‘Burlat’ y ‘Santina’ como poco sensibles, frente a valoraciones menos favorables en otras regiones o ensayos. Para estas variedades, el historial local de daño debe acompañar a la clasificación al decidir la plantación; trasladar directamente una categoría de otro ambiente puede conducir a una elección equivocada (Tabuenca y Cambra, 1982; Kaiser et al., 2019; Junta de Extremadura, 2026).

Los resultados de IRTA en Lleida muestran por qué importa esa exposición local. En la parcela de Actel, entre las variedades evaluadas en 2024, ‘Sweet Aryana’ superó el 30 % de rajado de campo; ‘Sweet Lorenz’, el 20 %; ‘Sweet Gabriel’, el 10 %; y ‘Sonata’ quedó por debajo del 5 %. Las dos últimas prácticamente escaparon de las lluvias próximas a cosecha y, aun así, manifestaron susceptibilidad cuando el daño se indujo en laboratorio. El contraste orienta a prever protección en las variedades tempranas más afectadas y a valorar las tardías junto con la distribución local de las lluvias (Lordan et al., 2025).

También importa cómo se moja el fruto: la inmersión y el mojado continuo pueden cambiar la clasificación de una variedad, como ocurrió con ‘Lapins’ (Michailidis et al., 2020). La duración y la superficie mojada modifican la respuesta (Winkler et al., 2020). La elección varietal gana solidez cuando coinciden una menor susceptibilidad experimental y un buen comportamiento local. Elegida la variedad, queda por resolver la otra mitad del material vegetal: sobre qué portainjerto cultivarla.

Efecto del portainjerto

El patrón puede modificar el daño, pero su efecto debe buscarse en la combinación con la variedad. Se han observado diferencias de microfracturación cuticular entre patrones y respuestas distintas de rajado a cosecha según la variedad injertada (Hovland y Sekse, 2003; Tersoglio y Setien, 2022). Esto permite incorporar el portainjerto a la prevención: hay combinaciones con una ventaja demostrada, y su elección debe apoyarse en esa respuesta específica.

Como primera orientación, Oregon State University resume los ensayos variedad × patrón iniciados en 2008 en The Dalles con este orden general de menor a mayor susceptibilidad: Krymsk 6, Krymsk 5, MaxMa 14, Gisela 6, Gisela 5, Mazzard y Mahaleb. En condiciones comparables, la guía sitúa a Krymsk 6, Krymsk 5 y MaxMa 14 entre las opciones prioritarias que evaluar por rajado. Es una síntesis regional de extensión, que advierte de la dependencia de la variedad y debe completarse con su adaptación al suelo y comportamiento productivo (Kaiser et al., 2019).

Los ensayos por combinación permiten afinar esa orientación. En ‘Celeste’, una selección concreta de P. mahaleb, SL 64, estuvo entre los patrones con menor daño en el ensayo argentino. Su resultado muestra por qué la elección debe apoyarse en la combinación y el ambiente de cultivo, sin trasladar automáticamente una clasificación general de patrones.

En Mendoza, Tersoglio y Setien (2022) compararon ocho patrones durante tres cosechas. Con ‘Celeste’, SL 64, MxM 60 y Weiroot 13 registraron menos fruta partida que los restantes; CAB6P presentó el valor más alto y Gisela 5 y Gisela 6 quedaron en posiciones intermedias. Con ‘Bing’, en cambio, las medias de los ocho patrones no se diferenciaron significativamente (tabla 3). El mismo experimento muestra, por tanto, dónde existe una preferencia por rajado y dónde ese criterio no permite distinguir patrones.

Tabla 3. Portainjerto y rajado en ‘Celeste’ y ‘Bing’.

PortainjertoCelesteBing
MxM 6015,2 b9,42 a
SL 6415,5 b7,22 a
Weiroot 1317,1 b9,13 a
Gisela 619,6 c10,2 a
Adara–Mariana 262420,4 c12,8 a
Gisela 521,1 c7,04 a
MxM 1421,9 c7,65 a
CAB6P28,4 d8,03 a

Fuente única: Tersoglio y Setien (2022), cuadro 1. Fruta partida: g por cada 100 g cosechados. Mendoza, tres cosechas, primera pasada, goteo y malla antigranizo. Letras diferentes indican grupos distintos según Scott–Knott (p < 0,05). Las columnas no comparan variedades bajo idéntica exposición a lluvia. Selección y reordenación de datos del cuadro 1. © 2022 Tersoglio y Setien. Tabla adaptada bajo CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/).

Para establecer ‘Celeste’ en condiciones comparables, estos datos favorecen considerar SL 64, MxM 60 y Weiroot 13 frente a CAB6P. La adaptación y la productividad decidirán después cuál resulta viable en la parcela. Para ‘Bing’, el ensayo no acredita una superioridad frente al rajado. La elección, por tanto, debe apoyarse en el comportamiento de la combinación y no en atribuir protección a una categoría general de vigor (Tersoglio y Setien, 2022).

La misma dependencia aparece al comparar Gisela 5 y Gisela 6 en variedades del programa de Bolonia. En una evaluación de inmersión de la cosecha 2025 en Trebinje, Radović et al. (2026) encontraron respuestas opuestas según la variedad: el contraste favoreció Gisela 5 para ‘Marysa’ y Gisela 6 para ‘Sweet Stephany’ (tabla 4).

Tabla 4. Gisela 5 y Gisela 6 en cuatro variedades.

VariedadGisela 5Gisela 6
Marysa23,2 b32,8 a
Sweet Gabriel14,0 c13,6 cd
Sweet Valina12,8 ef12,4 f
Sweet Stephany13,2 de11,2 g

Fuente: Radović et al. (2026), figura 2. Índice de rajado en inmersión; Trebinje, cosecha 2025, plantación de 2024; tres repeticiones de 50 frutos por combinación. Letras compartidas indican ausencia de diferencia significativa según Duncan (p ≤ 0,05). Los valores no son pérdidas de campo. Nueva presentación tabular de los valores de la figura 2. © 2026 Radović et al.; fuente bajo CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/).

‘Sweet Gabriel’ y ‘Sweet Valina’ no mostraron diferencias significativas entre ambos patrones. La preferencia observada en ‘Marysa’ y ‘Sweet Stephany’ identifica combinaciones que merece la pena contrastar localmente, con el alcance propio de una evaluación en 2025 de árboles plantados en 2024 y de un ensayo de laboratorio. No acredita todavía una reducción estable de pérdidas de campo (Radović et al., 2026).

Otros trabajos explican por qué esa precisión es necesaria. En el promedio de ‘Van’ y ‘Germersdorfi FL 45’, Colt presentó menos rajado que MxM 97 a las cuatro horas de inmersión, mientras que a las 24 horas el contraste se invirtió; además, los promedios de ambos tiempos procedían de periodos de evaluación distintos (Simon et al., 2004). En Plovdiv, el orden de los patrones de ‘Burlat’ y ‘Stella’ también cambió entre campañas (Lichev et al., 2009). Por ello, la mejor base para elegir es una ventaja reproducida con la variedad y las condiciones de interés. La microfracturación ofrece una conexión fisiológica plausible, pero el ensayo comparativo de rajado, por sí solo, no identifica si la respuesta depende de carga, crecimiento o estado hídrico (Hovland y Sekse, 2003).

Calibre y susceptibilidad

Una vez elegido el material vegetal, el manejo anual actúa sobre el crecimiento de sus frutos. Aquí se encuentra el vínculo entre patrón, copa, carga y agua: interesa alcanzar el calibre comercial sin aumentar innecesariamente la vulnerabilidad de la piel. Durante la expansión del fruto, la cutícula debe cubrir una superficie creciente y puede acumular deformación y microfisuras. Por eso, tamaño e integridad deben interpretarse conjuntamente dentro de una misma combinación varietal (Knoche et al., 2025).

Knoche et al. (2025) mostraron esa relación en una descendencia del cruce ‘Regina’ × ‘Garnet’. Dentro de cada genotipo, los frutos que se rajaron primero en inmersión tenían una masa superior a su media y los últimos eran menores. La masa individual también se relacionó con la microfisuración. Sin embargo, al comparar las medias de genotipos distintos, el tamaño no explicó la susceptibilidad. El resultado permite vigilar el crecimiento dentro de una variedad, pero no elegir variedades pequeñas suponiendo que serán más resistentes.

En campo, el tamaño tampoco resume por sí solo el riesgo. Measham et al. (2012) lo relacionaron con grietas visibles en las regiones peduncular y apical, sin que explicara consistentemente el rajado total; en ‘Prime Giant’, un menor aporte de riego redujo a la vez calibre y daño (Blanco et al., 2022). La cuestión útil es cómo se obtiene el tamaño: mediante una carga equilibrada y un suministro ajustado, o mediante intervenciones cuyo coste en producción o rajado supera la mejora de calibre.

Copa y carga frutal

La copa organiza esa relación entre crecimiento y producción. Oregon State University recomienda conservar una cobertura foliar que contribuya a proteger los frutos del mojado directo y menciona UFO y KGB como arquitecturas favorables. La consecuencia práctica es evitar que una apertura excesiva elimine innecesariamente esa protección, manteniendo la iluminación y la distribución productiva de la copa. Esta orientación de extensión apoya un criterio de poda; no constituye una comparación experimental de eficacia entre sistemas (Kaiser et al., 2019).

El balance productivo de la formación sí dispone de un contraste de campo. Robinson et al. (2023) compararon Tall Spindle, UFO y Spanish Bush con ‘Rainier’ y ‘Skeena’ sobre Gisela 6 en Nueva York. El ensayo incluyó cinco variantes y una densidad mayor en UFO. Tall Spindle registró el mayor porcentaje de rajado en 2019 y 2021, pero alcanzó la mayor producción acumulada estimada de fruta sin rajado por hectárea en ambos cultivares. También presentó menor contenido medio de sólidos solubles que las variantes de Spanish Bush. El resultado permite orientar la elección hacia el rendimiento aprovechable y la calidad que consigue cada sistema con su marco y manejo, sin atribuir a Tall Spindle una reducción sistemática del porcentaje de rajado.

Sobre esa estructura productiva se regula el número de frutos. El aclareo puede mejorar el calibre cuando la carga lo limita, pero una descarga excesiva reduce la cosecha y puede aumentar el rajado. Conviene, por tanto, ajustar la intensidad al cuajado efectivo y al calibre que ya permite la carga existente. Tras una helada o un cuajado escaso, la prioridad puede ser conservar frutos, no completar automáticamente un aclareo previsto con anterioridad (Measham et al., 2012; Bound et al., 2013).

La evidencia de rajado respalda esa cautela de forma concreta. En ‘Sweetheart’, un ajuste cuatro semanas después de plena floración produjo un 27,40 % de rajado con carga baja, frente al 16,62 % y al 15,22 % con cargas media y alta. En esa localidad, los ajustes en reposo y plena floración no mostraron la misma separación. Para una cosecha que ya alcanza el tamaño buscado, el resultado favorece evitar una descarga intensa y tardía destinada a ganar calibre adicional (Measham et al., 2012).

Actuar antes puede mejorar el aprovechamiento del ajuste, pero la respuesta depende de la variedad y la campaña. Bound et al. (2013) observaron en ‘Van’, durante 2010/11, un descenso general del calibre al retrasar el aclareo después de plena floración. En ‘Sweetheart’, la reducción se concentró en las cargas altas aclaradas a las seis y ocho semanas; en el ensayo de ‘Van’ de la campaña siguiente, la fecha no afectó al diámetro. Sus resultados favorecen planificar pronto la regulación de carga, ajustarla al cuajado y evitar correcciones tardías desproporcionadas. Esta evidencia de calidad complementa la de rajado y permite decidir con más fundamento que perseguir el máximo tamaño con el mínimo número de frutos.

El contraste chileno de ‘Lapins’/‘Colt’ en KGB muestra que la mejora del calibre y la resistencia al rajado deben evaluarse por separado. Matteo et al. (2022) redujeron la carga a la mitad a los 31 días después de plena floración y obtuvieron frutos de mayor tamaño y masa. En el control sin calcio, sin embargo, el índice de rajado por inmersión aumentó de 10,8 en los árboles sin aclarar a 25,0 en los aclarados. Durante esa campaña no hubo rajado de campo por ausencia de lluvia. El resultado refuerza un criterio de manejo: cuando el aclareo mejora el tamaño, conviene comprobar también cómo cambia la susceptibilidad, sin dar por supuesto que ambas respuestas serán favorables.

El contraste de ‘Prime Giant’/SL 64 permite ponerle cifras. Bajo riego al 110 % de la evapotranspiración del cultivo (ETc), reducir la carga del 66 al 33 % de la natural cambió el diámetro medio de 31,48 a 31,73 mm: solo 0,25 mm, sin diferencia estadísticamente significativa. La producción descendió de 18,19 a 8,13 kg por árbol y el rajado no disminuyó significativamente. En ese caso, conservar la carga intermedia fue preferible a intensificar el aclareo (Blanco et al., 2022). La tabla 5 reúne los tratamientos y permite examinar el siguiente componente del mismo balance: el agua con la que crece esa carga.

Riego y drenaje

Con la carga definida, el riego debe sostener el crecimiento de la cosecha y evitar aportes innecesarios. La pregunta frente al rajado es si una reducción programada mejora la integridad sin llevar el fruto por debajo del calibre útil. Los experimentos en ‘Prime Giant’ permiten responder afirmativamente para determinados programas, y muestran por qué la oportunidad de la restricción importa tanto como su volumen (Blanco et al., 2019, 2022).

Durante cuatro campañas, Blanco et al. (2019) compararon un control al 110 % de ETc, un déficit sostenido al 85 % —con el 100 % durante la diferenciación floral— y un déficit regulado al 100 % antes de cosecha y durante esa fase floral, con el 55 % en el resto de la poscosecha. En 2018, el sostenido redujo significativamente el rajado en ambas pasadas; el regulado, en la segunda. Este último resultado muestra que el programa mantuvo una ventaja sin bajar del 100 % de la ETc estimada en precosecha. La respuesta corresponde al programa completo: el diseño no separa el efecto de la restricción poscosecha del resto de sus diferencias respecto al control, que recibía un 110 %. Para el manejo, permite considerar programas que preserven el suministro precosecha cuando el calibre limita el valor de la fruta.

En 2019, otro experimento de la misma explotación comparó el 110 y el 70 % de ETc, con tratamientos iniciados antes de floración y tres niveles de carga. Al agrupar esos niveles, el menor aporte redujo el rajado del 27,11 al 8,33 % (p = 0,001). El diámetro medio pasó de 31,23 a 29,84 mm y la masa de 13,17 a 12,21 g (p = 0,004 en ambos casos), sin diferencia significativa en producción total. El beneficio frente al rajado fue claro y tuvo un coste en tamaño: resulta más interesante donde existe margen de calibre que donde una pequeña reducción cambia la categoría comercial (figura 1; Blanco et al., 2022).

Figura 1. Riego, rajado y calibre en ‘Prime Giant’/SL 64 (Jumilla, 2019). Medias por régimen de riego, integrando tres niveles de carga (tres árboles por combinación). Con el 70 % de ETc disminuyeron el rajado de campo (A; p = 0,001) y el diámetro ecuatorial (B; p = 0,004) respecto al control al 110 %. Se representan las medias publicadas, sin barras de dispersión. Representación elaborada para esta entrada con datos de las tablas 1 y 2 de Blanco et al. (2022), Plants, 11, 3249 (https://doi.org/10.3390/plants11233249). © 2022 los autores; fuente bajo CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Valores sin modificar; nueva presentación gráfica.

El menor riego también modificó la condición hídrica del fruto: a cosecha, sus potenciales hídrico y osmótico fueron más negativos y la turgencia estimada por diferencia de potenciales fue menor. Esos cambios acompañaron la reducción de crecimiento y daño; no constituyen una medición directa de presión celular ni identifican por sí solos el mecanismo que inicia la grieta. Para el manejo, la evidencia decisiva es el resultado conjunto sobre rajado, calibre y producción (Blanco et al., 2022).

Tabla 5. Riego, carga y rajado en ‘Prime Giant’.

Riego (% ETc)Carga conservadaRajado (%)Diámetro (mm)kg/árbol
11033 %31,5031,738,13
11066 %28,5031,4818,19
110100 %21,3330,4825,31
7033 %10,3331,058,91
7066 %4,8329,3220,06
70100 %9,8329,1527,52

Fuente única: Blanco et al. (2022), datos de sus tablas originales 1 y 2. Prime Giant/SL 64, Jumilla, 2019; tres árboles por combinación. Carga ajustada en floración respecto de la natural. En el análisis de varianza entre cargas nominales, las diferencias de rajado no fueron significativas dentro de cada riego (p = 0,412 y 0,354); la asociación con la carga real por árbol se comenta en el texto. No se atribuye significación a cada comparación de medias entre filas. ETc: evapotranspiración del cultivo. Selección y combinación de datos de las tablas 1 y 2. © 2022 Blanco et al.; fuente bajo CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/).

La tabla y el análisis por árbol permiten precisar cómo interviene la carga. Las diferencias de rajado entre los tres niveles nominales no fueron significativas dentro de cada riego; sin embargo, los autores identificaron una asociación negativa significativa entre carga real y rajado de campo con el 110 % de ETc: los árboles más descargados tendieron a presentar mayor daño. Con el 70 %, esa asociación no alcanzó significación. Ambos análisis apoyan evaluar la carga junto con el régimen hídrico, aunque no acreditan una intensidad óptima de aclareo. El 4,83 % de la combinación de carga intermedia y riego al 70 % debe interpretarse como un resultado observado. La reducción del riego mostró la diferencia más clara en daño, acompañada de menor calibre, mientras que ajustar la carga modificó la producción y el tamaño del fruto (Blanco et al., 2022).

La transferencia a otra combinación exige conservar ese criterio de respuesta, no copiar un porcentaje. En ‘Sylvia’/F12/1, reducir al 50 % el programa comercial aumentó las grietas laterales respecto del programa habitual o del 150 %; el índice de inmersión fue 31 frente a 14 y 15. Allí, mantener el programa habitual fue preferible a reducirlo a la mitad para prevenir el rajado. La referencia era un riego activado por humedad del suelo, no una fracción de ETc, de modo que los porcentajes de ambos estudios no expresan intensidades de estrés equivalentes (Measham et al., 2013).

De estos contrastes se desprende una prioridad de manejo: ajustar primero el suministro a la demanda y al agua disponible en el suelo; evaluar después una restricción planificada cuando exista respuesta favorable, comprobando calibre y daño. Los resultados de ‘Prime Giant’ justifican esa evaluación del programa completo. En ambos ensayos, el control recibió un 110 % de ETc: sus resultados no fijan el porcentaje de reposición que optimiza rajado y calibre en otra parcela. Además, un programa mantenido durante el desarrollo del cultivo no demuestra que interrumpir el riego pocos días antes de una tormenta produzca el mismo efecto (Blanco et al., 2019, 2022; Measham et al., 2013).

Ante la lluvia, el ajuste inmediato debe considerar cuánta agua llegará realmente a las raíces. Si la reserva del suelo y la lluvia efectiva cubren la demanda, mantener el mismo aporte añadiría agua innecesaria. Bajo cubierta, en cambio, la precipitación puede quedar fuera de la franja regada o concentrarse donde descarga el plástico. La aplicación práctica de la guía de Oregon State es revisar esa distribución y el drenaje, además de la lluvia registrada (Kaiser et al., 2019).

La guía concreta dos actuaciones: evitar un secado intenso seguido de riegos abundantes y evacuar el agua acumulada o descargada por los cobertores. Son recomendaciones directamente utilizables para mantener un suministro más regular y evitar concentraciones de agua en la zona radicular. El riego y el drenaje completan así el manejo de la carga: regulan el entorno hídrico en el que termina de crecer la cosecha, incluso cuando su superficie está protegida por una cubierta (Kaiser et al., 2019).

Producción comercializable

La prevención agronómica sigue una secuencia: seleccionar una variedad menos susceptible en el ambiente de cultivo, elegir el patrón por su respuesta con esa variedad y regular la copa y la carga para alcanzar el calibre necesario. Sobre esa cosecha se ajusta el agua. Esta secuencia permite decidir con un objetivo común: conservar producción de calidad, evitando que una mejora marginal de tamaño se pague con menos frutos o más rajado.

Las preferencias respaldadas son concretas: considerar SL 64, MxM 60 y Weiroot 13 frente a CAB6P para ‘Celeste’ en condiciones comparables; conservar carga cuando descargar más apenas mejora el calibre; evitar aclareos intensos y tardíos sin necesidad productiva; y evaluar programas de menor aporte en combinaciones con respuesta favorable, vigilando su coste en tamaño. Los ensayos sustentan estas decisiones, aunque no calculan un programa de máximo ingreso para todas las explotaciones (Measham et al., 2012; Tersoglio y Setien, 2022; Blanco et al., 2022).

El resultado de ese manejo es la condición con la que la cereza alcanza la lluvia. La exposición de la superficie al agua sigue siendo decisiva (Winkler et al., 2020). Por eso, cuando el riesgo lo exige, la prevención agronómica se completa con protección directa. La siguiente entrada analizará las cubiertas y los tratamientos: dónde actúan y cuánto contribuyen a conservar la cosecha.

Bibliografía

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