📓 Referencia completa: Wang, D.; Chu, F.; Zhang, J.; Wei, H. (2026). Evaluating the reliability of epicarp chromaticity as an independent indicator of maturity state during harvesting time for sweet cherry. LWT – Food Science and Technology, 240, 118939. DOI: 10.1016/j.lwt.2025.118939.
🔗 Acceso abierto: https://doi.org/10.1016/j.lwt.2025.118939 (Open Access, licencia CC BY-NC-ND 4.0).
Color de cosecha: un criterio extendido, pero no universal
En cereza dulce (Prunus avium L.), la madurez de cosecha es un punto de decisión especialmente sensible porque se trata de un fruto no climatérico: la calidad de consumo se establece esencialmente en el árbol y, tras la recolección, no cabe esperar mejoras sustanciales de atributos como dulzor, firmeza o aceptación sensorial. En la práctica, el color del epicarpio se utiliza de forma rutinaria como señal de maduración por su inmediatez y bajo coste, pero su fiabilidad como indicador “independiente” puede depender del cultivar y de la dinámica pigmentaria asociada al proceso de maduración. Este es el eje del trabajo de Wang y colaboradores: evaluar, con métricas instrumentales, hasta qué punto el color externo puede representar la madurez interna durante la ventana real de cosecha.
Diseño experimental: dos cultivares con cromaticidad contrastada
Para objetivar el color, el estudio emplea el espacio CIE L*a*b* (L*: luminosidad; a*: eje verde–rojo; b*: eje azul–amarillo) y parámetros derivados como C* (croma) y h° (tono). Se comparan dos cultivares con patrones de coloración divergentes: ‘Tieton’ (roja oscura) y ‘Caiyu’ (amarilla). La recolección se realizó a lo largo de una ventana comercial de 12 días, con cuatro cosechas, y los frutos se clasificaron en cinco estados de madurez (S1–S5) combinando una preselección visual con umbrales instrumentales basados principalmente en h° y a*. A partir de esa clasificación, se cuantificaron indicadores internos de calidad: sólidos solubles (TSS), firmeza, acidez titulable (TA), antocianinas y peso del fruto, permitiendo contrastar de forma directa la cromaticidad del epicarpio frente a la evolución fisicoquímica.
Evidencia en ‘Tieton’: correlación color–calidad y predicción cuantitativa de madurez
El comportamiento de ‘Tieton’ respalda el uso del color como proxy instrumental de madurez. El artículo reporta asociaciones significativas entre índices de color y atributos internos, con una relación especialmente estrecha con TSS, seguida de antocianinas y firmeza. En términos operativos, el TSS aumentó de forma progresiva desde 11,02% (S1) hasta 18,26% (S5), mientras la firmeza disminuyó consistentemente a lo largo de la secuencia de madurez. En paralelo, la acumulación de antocianinas se intensificó en etapas tardías, contribuyendo al oscurecimiento característico. Sobre esa base, los autores construyen modelos predictivos del estado de madurez usando exclusivamente parámetros de color, con un rendimiento alto para ‘Tieton’ (por ejemplo, R² = 0,915 y MAE = 0,285 con CIE L*a*b*; resultados similares con L*C*h°). En conjunto, en este cultivar rojo el color del epicarpio captura información útil y cuantificable sobre el avance de maduración.
Evidencia en ‘Caiyu’: limitaciones del color como indicador independiente
El contraste con ‘Caiyu’ es una de las contribuciones más relevantes del artículo: para este cultivar amarillo, las asociaciones entre cromaticidad y atributos internos son más débiles, lo que limita la capacidad del color para funcionar como indicador independiente de madurez. El mensaje aplicado es claro: en ciertos tipos amarillos, el color puede resultar insuficiente para inferir el estado interno con robustez, y la evaluación debería apoyarse en un enfoque multi-parámetro. Esta diferenciación por tipo varietal es precisamente lo que evita extrapolaciones indebidas cuando se diseñan sistemas de decisión no destructivos.
Mecanismo: metabolómica y dinámica de antocianinas
Para sustentar estas diferencias, el trabajo integra metabolómica ampliamente dirigida (se reporta la detección de 2496 metabolitos) y analiza la coordinación entre rutas metabólicas y cambios visibles de color. En ‘Tieton’, la evidencia apunta a que la cromaticidad del epicarpio está estrechamente vinculada a la biosíntesis de antocianinas y a su intensificación en etapas tardías, con metabolitos representativos como cianidina-3-O-glucósido mostrando incrementos destacados. Además, el artículo discute una dinámica en dos fases en cultivares rojos, donde el desarrollo cromático temprano se acompasa con cambios internos (incluida la evolución de TSS y la pérdida de firmeza) y una fase tardía queda dominada por una acumulación marcada de antocianinas. Esta coherencia bioquímica refuerza por qué, en ‘Tieton’, el color funciona como una señal integrada de madurez, mientras que en ‘Caiyu’ esa integración es menos consistente.
Implicación práctica y cautela metodológica
El artículo sitúa estos resultados como base para tecnologías de detección inteligente de madurez basadas en visión, siempre que los modelos se calibren por cultivar. Al mismo tiempo, subraya una limitación clave: el alcance genético es estrecho (dos cultivares), por lo que la generalización requiere validaciones adicionales en una gama mayor de cerezas. En términos de cadena de valor, el estudio no “sustituye” el criterio del color, pero sí lo redefine: puede ser un indicador instrumental eficaz en ciertos genotipos, y un descriptor insuficiente en otros, lo que obliga a diseñar criterios de cosecha con apellido varietal.
Cierre: La aportación central de este trabajo es metodológica y operativa: el color del epicarpio puede ser un indicador no destructivo robusto en algunos cultivares, pero su fiabilidad depende del genotipo y de la fisiología pigmentaria que acompaña la maduración.









