📓 Referencia completa
Balan, V., Bîlici, I., Șarban, V., & Russu, S. (2025). Yield and quality of cherry fruits (Prunus avium L.) depending on tree formation and pruning. Annals of the University of Craiova – Biology, Horticulture, Food products processing technology, Environmental engineering, 30(66), 88–93. DOI: 10.52846/bihpt.v30i66.211.
🔗 Acceso abierto
Texto completo disponible en la web de la revista (descarga libre en PDF):
https://anale-horticultura.reviste.ucv.ro/index.php/bihpt/article/view/211 (anale-horticultura.reviste.ucv.ro)
¿Cuánta poda necesita realmente un cerezo para producir frutos grandes sin sacrificar kilos por hectárea? ¿Importa más el tipo de rama que cortamos o el momento en que entramos con las tijeras? El trabajo de Balan y colaboradores analiza precisamente esta cuestión y muestra cómo ajustar la formación y la poda para equilibrar rendimiento y calibre en distintas combinaciones variedad–portainjerto.
Dos plantaciones, cuatro variedades, dos tipos de portainjerto
El estudio se basa en dos plantaciones comerciales consolidadas. La primera, establecida en 2003 con un marco de 6 × 5 m, incluye las variedades ‘Valerii Cikalov’ y ‘Record’ injertadas sobre patrón franco de Prunus mahaleb. La segunda, plantada en 2012, reúne ‘Skeena’ y ‘Stella’ sobre el portainjerto vegetativo de vigor medio MaxMa 14 (P. mahaleb × P. avium), con una densidad mayor de 5 m entre filas y 3 m entre árboles.
En este contexto, la hipótesis de partida es clara: la forma de conducir el árbol y, sobre todo, la estrategia de poda pueden modular tanto los kilos por hectárea como la proporción de frutos que alcanzan calibres comerciales altos. Para comprobarlo, el equipo combinó distintos momentos de intervención con diferentes tipos de ramas objetivo.
Qué podar y cuándo: los tratamientos ensayados
En ‘Valerii Cikalov’ y ‘Record’ se compararon cuatro variantes:
- S1: poda de mantenimiento y fructificación en reposo invernal (testigo).
- S2: misma poda de mantenimiento, pero en periodo vegetativo.
- S3: rejuvenecimiento sucesivo de ramas semiesqueléticas de 3–5 años durante el reposo.
- S4: el mismo rejuvenecimiento de ramas de 3–5 años, pero en plena vegetación.
Por su parte, en ‘Skeena’ y ‘Stella’ injertadas sobre MaxMa 14 el foco se desplazó al momento de intervención:
- V1: poda en reposo (control).
- V2: poda en floración.
- V3: poda poscosecha (julio).
- V4: poda a principios de otoño (primera decena de septiembre).
Además de describir estos sistemas, los autores midieron rendimientos por árbol y por hectárea, y caracterizaron los frutos (masa, diámetro, materia seca, sólidos solubles en % Brix, firmeza y acidez). Para ello utilizaron calibre, balanza de precisión, refractómetro digital y penetrómetro FT 327 con pistón de 3 mm². Finalmente, el análisis estadístico se basó en la comparación de medias mediante prueba de Tukey al 5 %.
Rejuvenecer ramas de 3–5 años: más kilos en patrones de Mahaleb
En el bloque con patrón de P. mahaleb, las podas clásicas de mantenimiento (S1 y S2) dieron lugar a rendimientos inferiores, entre 13,3 y 14,9 t/ha. En cambio, cuando se pasó a una estrategia de renovación progresiva de ramas semiesqueléticas de 3–5 años (S3 y S4), los rendimientos subieron a 14,2–16,1 t/ha.
A los 17 años de la plantación se alcanzaron los máximos. ‘Valerii Cikalov’ produjo entre 21,8 y 23,9 t/ha y ‘Record’ entre 28,6 y 31,4 t/ha. Según el resumen del trabajo, este enfoque de rejuvenecimiento aumentó la producción hasta un 6,7–8,9 % respecto a la poda de mantenimiento en madera más vieja. En consecuencia, renovar periódicamente las ramas de 3–5 años se confirma como una opción eficaz para sostener la carga productiva en plantaciones adultas sobre Mahaleb.
Poda de otoño en MaxMa 14: más fruta gruesa sin perder rendimiento
En las variedades ‘Skeena’ y ‘Stella’ sobre MaxMa 14, los rendimientos medios se situaron entre 12,01 y 13,71 t/ha para ‘Skeena’ y entre 10,88 y 12,49 t/ha para ‘Stella’ en el periodo 2019–2024. Las puntas de producción se registraron en 2021, con 17,9–19,9 t/ha para ‘Skeena’ y 17,2–20,3 t/ha para ‘Stella’, especialmente en la variante V4, podada a principios de septiembre. Los autores señalan que las caídas de rendimiento de 2019–2020 se debieron a bajas temperaturas en floración, sin que el momento de poda explicara por sí solo este descenso.
En cuanto al calibre, las diferencias son más marcadas. En ‘Skeena’, las distribuciones de diámetro muestran que, para todas las variantes, entre el 68,3 % y el 79,7 % de las cerezas superan los 26 mm, y solo entre el 4,4 % y el 9,1 % quedan por debajo de 24 mm. Sin embargo, la poda de principios de otoño (V4) destaca porque aumenta la proporción de frutos de 28 mm o más hasta valores del 28,6–34,2 %, frente a porcentajes más modestos en el resto de tratamientos.
El año 2020 ofrece un ejemplo ilustrativo. En el testigo (V1), las cerezas de calibre inferior a 26 mm representaban el 33,9 % del total y solo el 10,4 % superaba los 28 mm. Las intervenciones en vegetación, y en particular la poda de comienzos de otoño, redujeron la fracción de frutos pequeños y elevaron la cuota de calibres >28 mm hasta rangos de 15,8–34,2 %, sin afectar negativamente al rendimiento total por hectárea, según los autores.
Qué nos deja este ensayo para el manejo del cerezo
En conjunto, el estudio deja dos mensajes complementarios. Por un lado, en plantaciones sobre Mahaleb ya adultas, renovar de forma sistemática las ramas de 3–5 años permite mantener e incluso aumentar los kilos por hectárea. Por otro, en plantaciones más densas sobre MaxMa 14, ajustar el momento de poda hacia principios de otoño ayuda a desplazar la distribución de calibres hacia frutos más gruesos, sin penalizar la producción.
Aunque estas conclusiones se obtienen en cuatro variedades concretas y en condiciones específicas de plantación y clima, el trabajo de Balan y coautores subraya la idea de fondo: la poda del cerezo no es solo una operación de mantenimiento, sino una herramienta precisa para alinear arquitectura del árbol, rendimiento y tamaño de fruto en función de los objetivos comerciales del productor.









