📓 Referencia completa
An, F., Guo, H., Li, Y., Zhang, Y., Luo, Q., Yin, X., Zhu, Q., Cai, Y., & Shan, D. (2026). Polyvinyl alcohol–natamycin composite treatment maintains postharvest quality and enhances antioxidant capacity of sweet cherries (Prunus avium L.). Scientia Horticulturae, 358, 114719. DOI: 10.1016/j.scienta.2026.114719.
🔗 Acceso abierto Artículo disponible en acceso abierto en Elsevier bajo licencia CC BY-NC-ND 4.0.
Una barrera biodegradable para una fruta muy frágil
La cereza es uno de los frutos más sensibles de la poscosecha. Su piel fina, su pulpa tierna y su elevada tasa respiratoria aceleran la pérdida de agua, el ablandamiento, el pardeamiento y el desarrollo de infecciones, hasta el punto de que su vida útil a temperatura ambiente suele situarse en apenas 5 a 7 días. En ese contexto, este trabajo plantea una estrategia interesante: combinar alcohol polivinílico o PVA, un polímero biodegradable con buena capacidad para formar películas, con natamicina, un antifúngico natural ya utilizado en conservación de alimentos.
El ensayo con cerezas Rita
El estudio se realizó en 2024 con cerezas ‘Rita’ recolectadas en madurez comercial en la estación experimental de cerezo de Northwest A&F University, en Tongchuan, China. Los árboles tenían 10 años, estaban injertados sobre Mahaleb ‘CDR-1’ y se trabajó con fruta homogénea, sin defectos visibles. Antes de los tratamientos, las cerezas se preenfriaron 6 horas a 16 °C. Después se ensayaron tres concentraciones de PVA, 0,5, 1,0 y 1,5 %, mediante inmersión durante 6 minutos, y la fruta se almacenó durante 60 días a 1 ± 0,5 °C y 90 ± 5 % de humedad relativa. Una vez identificada la concentración óptima, se compararon cuatro tratamientos: control, PVA al 1,0 %, natamicina a 0,5 g L⁻¹ y la combinación PVA + natamicina.
El 1 por ciento fue la dosis más eficaz
Uno de los hallazgos más nítidos del trabajo fue que más no significó mejor. Entre las tres concentraciones ensayadas, el PVA al 1,0 % fue el tratamiento más eficaz para mantener la calidad del fruto. A los 60 días, conservó una firmeza un 15 % superior al control, así como valores de sólidos solubles totales y acidez titulable un 12 % más altos. También mantuvo mejor el color, con valores de C* y L* aproximadamente un 13 % y un 4 % superiores al control. Cuando los autores integraron siete parámetros de calidad en un índice global mediante valores de membresía, el PVA al 1,0 % obtuvo la puntuación más alta, 0,906, frente a 0,708 para 0,5 %, 0,587 para 1,5 % y 0,000 para el control.
La combinación con natamicina reforzó el efecto
El siguiente paso fue añadir natamicina, un compuesto antifúngico natural producido por Streptomyces natalensis. El propio artículo recuerda que su modo de acción se basa en la unión al ergosterol de las membranas fúngicas, lo que altera su integridad e inhibe la germinación de esporas y el crecimiento micelial. En el ensayo, esa combinación fue la que ofreció el mejor resultado global: tras 60 días, la incidencia de podredumbre fue un 47,2 % inferior a la del control, por encima de la reducción lograda con natamicina sola, del 43,4 %. Además, el tratamiento combinado mantuvo mejor la firmeza, la acidez, el brillo y la frescura del color, y mostró la tasa respiratoria más baja entre los días 20 y 50 de almacenamiento.
Menos daño oxidativo y mejor respuesta sensorial
Ese mejor comportamiento externo estuvo acompañado de una respuesta fisiológica más favorable. Las actividades de SOD, POD y CAT, enzimas relacionadas con la defensa antioxidante, aumentaron al inicio del almacenamiento y alcanzaron sus máximos entre los días 20 y 40. En ese periodo, el tratamiento combinado registró el mayor pico de SOD, un 24,8 % por encima del control, y mantuvo también la mayor actividad de CAT a lo largo del ensayo.
Al mismo tiempo, redujo la acumulación de MDA, un indicador de peroxidación lipídica y daño de membranas, y favoreció una mejor conservación de compuestos fenólicos, flavonoides y, en determinados momentos, antocianinas. La evaluación sensorial fue coherente con ello: un panel entrenado de 12 evaluadores, que valoró 20 frutos por tratamiento en los días 0, 30 y 60, observó que la combinación PVA + natamicina mantenía puntuaciones relativamente más altas en apariencia, firmeza, sabor a cereza y calidad global al final del almacenamiento.
Un avance con interés postcosecha
El valor de este trabajo no está solo en haber mantenido cerezas durante 60 días en frío, sino en mostrar que una película biodegradable puede actuar al mismo tiempo como barrera física y como apoyo a la estabilidad fisiológica del fruto cuando se combina con un antifúngico natural. No demuestra por sí solo una implantación comercial inmediata, pero sí aporta una base técnica sólida para seguir explorando soluciones poscosecha más sostenibles en cereza.









