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Cerezas ‘Kordia’ biofortificadas con yodo y selenio: más micronutrientes sin perder calidad

📓 Referencia completa: Wójcik, P., Filipczak, J., Buler, Z., Skorupińska, A., & Popińska, W. (2026). Effects of foliar sprays of iodine and selenium on vegetative, reproductive, and fruit responses of Kordia sweet cherry. Acta Scientiarum Polonorum Hortorum Cultus, online first, 1–12. https://doi.org/10.24326/asphc.2026.5668.

🔗 Acceso abierto: https://doi.org/10.24326/asphc.2026.5668
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International, CC BY 4.0.

La cereza dulce se asocia casi siempre con calibre, firmeza, color y sabor, pero también puede ser una vía para aumentar la ingesta de micronutrientes. Un estudio reciente en ‘Kordia’ demuestra que la pulverización foliar con yodo y selenio puede enriquecer el fruto sin alterar el rendimiento ni los principales atributos comerciales de la cereza. La clave no estuvo solo en la dosis, sino en el momento de aplicación.

Biofortificación foliar en un suelo con bajo yodo y selenio

El trabajo parte de un problema nutricional bien definido: el yodo y el selenio son elementos esenciales para el ser humano, pero su disponibilidad para las plantas depende mucho del suelo. En el ensayo, realizado durante 2024 y 2025 en la Estación Experimental de Dąbrowice, en Polonia, los árboles de ‘Kordia’ crecían sobre un Albic Luvisol con 2,6 mg kg⁻¹ de yodo total y 137 µg kg⁻¹ de selenio total. Los autores consideran estos niveles bajos, especialmente en el caso del selenio, muy próximo al umbral de deficiencia citado en el propio artículo.

Este contexto explica la estrategia elegida: biofortificación agronómica, es decir, aumentar la concentración de nutrientes en la parte comestible mediante fertilización. En cereza, la vía foliar resulta especialmente interesante porque permite aplicar los compuestos directamente sobre hojas y frutos durante el desarrollo.

Aplicaciones tempranas frente a tratamientos precosecha

Los autores compararon varias estrategias con yodato potásico —KIO₃— y selenato sódico —Na₂SeO₄—. En unas combinaciones se realizaron cuatro aplicaciones tempranas, desde 14 días después de la caída de pétalos hasta 6 días antes de la cosecha, con 25 g ha⁻¹ de yodo o 15 g ha⁻¹ de selenio por aplicación. En otras, se aplicó una sola pulverización tres días antes de la recolección, combinando ambos elementos a dosis de 50 + 30, 75 + 45 o 100 + 60 g ha⁻¹ de yodo y selenio, respectivamente. También se evaluó una estrategia mixta: aplicaciones tempranas de yodo y selenio más una pulverización precosecha a la dosis más baja.

Las concentraciones de las soluciones oscilaron desde 0,0047–0,0102% en los tratamientos tempranos hasta 0,0408% en la aplicación precosecha de dosis alta. Todas las soluciones incorporaron Tween 20 como surfactante no iónico, empleado para mejorar la humectación de la superficie vegetal.

El selenio aumentó el verdor foliar y los sólidos solubles

Las aplicaciones tempranas fueron seguras desde el punto de vista fitotécnico: no causaron daños visibles en hoja ni defoliación. Además, cuando incluían selenio, solo o combinado con yodo, aumentaron los valores SPAD, un indicador indirecto del contenido de clorofila. Ese mayor verdor foliar se acompañó de un aumento de los sólidos solubles del fruto: frente a valores del control en torno al 17,3–17,4%, los tratamientos tempranos con selenio alcanzaron aproximadamente el 19,1–19,5%.

El efecto fue distinto en las aplicaciones realizadas tres días antes de cosecha. Los tratamientos precosecha redujeron el SPAD y provocaron daño foliar y defoliación parcial, con una respuesta dependiente de la dosis. En la dosis alta, la lesión foliar alcanzó una puntuación de 2,9 sobre 5 y la defoliación llegó al 56% en la segunda evaluación de 2024. Sin embargo, estos daños tardíos no modificaron el vigor, el rendimiento, el peso medio, la firmeza ni la acidez del fruto. El rendimiento medio fue de 9,4 kg por árbol en 2024 y 7,8 kg por árbol en 2025, sin diferencias significativas entre tratamientos.

La mayor biofortificación llegó con la estrategia combinada

La respuesta más marcada apareció en la concentración de micronutrientes del fruto. En los árboles control, las cerezas contenían solo 0,7–0,9 µg de yodo y alrededor de 0,09–0,1 µg de selenio por 100 g de peso fresco. Las aplicaciones tempranas elevaron el yodo hasta unos 17–18 µg 100 g⁻¹ y el selenio hasta 3,4–3,6 µg 100 g⁻¹.

La estrategia más eficaz fue combinar aplicaciones tempranas de yodo y selenio con una pulverización precosecha a baja dosis. Así, el fruto alcanzó 23,5–23,7 µg de yodo y 5,5–5,6 µg de selenio por 100 g de peso fresco. Según los cálculos de los autores, esa concentración cubriría el 126% del objetivo diario de yodo procedente de fruta y el 80% del correspondiente al selenio.

El estudio sitúa la biofortificación de la cereza como una herramienta técnicamente viable en ‘Kordia’ y, probablemente, en otras variedades tardías, siempre que se ajuste cuidadosamente la dosis y el calendario de aplicación.

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