La calidad de la cereza comienza a definirse mucho antes de la cosecha. El calibre final, la firmeza, la concentración de sólidos solubles, la acidez, el color y la capacidad para mantener estas características durante la conservación dependen de procesos fisiológicos que transcurren simultáneamente en el árbol. La nutrición mineral forma parte de ese sistema porque conecta la disponibilidad de nutrientes en el suelo y el agua con su absorción radicular, las reservas acumuladas en órganos perennes, su redistribución entre tejidos y la demanda cambiante de hojas, brotes y frutos.
En un cultivo perenne e injertado como el cerezo, el estado mineral tampoco puede separarse del patrón, el cultivar, la carga, la disponibilidad hídrica, el suelo o la fenología. Una misma concentración foliar puede adquirir significados diferentes cuando cambia alguno de estos componentes. Y una concentración compatible con un crecimiento adecuado tampoco garantiza, por sí sola, que calibre, firmeza o aptitud postcosecha se encuentren en su mejor expresión.
Conviene, por tanto, separar tres niveles que con frecuencia se confunden: disponibilidad del nutriente, estado nutricional del árbol y respuesta de la fruta. Los tres están relacionados, pero representan fenómenos distintos.
El análisis foliar sitúa al árbol en contexto
El análisis foliar constituye una de las herramientas más útiles para conocer el estado mineral del cerezo. Su interpretación requiere comparar la muestra con una referencia compatible con el tejido analizado y con el momento en que se obtuvo.
Este aspecto resulta especialmente importante porque existen diferentes sistemas de referencia y sus intervalos no son idénticos. Washington State University (WSU), el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile (INIA) y diversas referencias españolas utilizan rangos propios, establecidos o adoptados para protocolos y condiciones diferentes. El solapamiento puede ser considerable, pero los extremos varían lo suficiente como para modificar la clasificación de una misma muestra.
Intervalos foliares de macronutrientes publicados para cerezo
| Referencia | N (%) | P (%) | K (%) | Ca (%) | Mg (%) |
| WSU – Washington | 2,00–3,03 | 0,10–0,27 | 1,20–3,30 | 1,20–2,37 | 0,30–0,77 |
| INIA – Chile | 2,8–3,2 | 0,30–0,35 | 1,4–1,8 | 1,9–2,5 | 0,4–0,5 |
| España – guía nacional (Espada Carbó, 2010) | 2,5–2,8 | — | 1,75–2,00* | 1,5–2,0 | 0,25–0,40 |
| Murcia – Producción Integrada | 2,0–2,5 | 0,13–0,35 | 1,5–3,0 | 1,6–2,5 | 0,3–1,2 |
| Extremadura – Producción Integrada 2026 | 1,80–3,00 | 0,14–0,35 | 1,00–3,00 | 1,00–3,00 | 0,30–0,60 |
* La guía nacional española considera K <0,9 % como deficiente y 1,75–2,00 % como adecuado. WSU publica además un intervalo para S de 0,20–0,40 %.
Fuentes: Sallato (2021), Corradini (2023), Espada Carbó (2010), Región de Murcia (2014) y Junta de Extremadura (2026).
Los intervalos conservan el protocolo y ámbito de aplicación de cada fuente y no deben promediarse entre sí. La comparación es útil precisamente porque muestra que no existe un único perfil numérico universal de «cerezo correctamente nutrido».
Un valor de N de 2,4 %, por ejemplo, queda dentro de los intervalos publicados por WSU, Murcia y Extremadura, pero se sitúa por debajo de los valores esperados publicados por INIA Chile y de la referencia de la guía nacional española.
También cambia el momento de muestreo. WSU recomienda habitualmente hojas recientemente maduras de la zona media de brotes no fructíferos o dardos sin carga, tomadas en la zona media de la copa durante julio-agosto en las condiciones de Washington. La guía nacional española sitúa el muestreo en recolección o 45 días después de F2, mientras Extremadura vincula sus niveles orientativos al periodo de estabilización nutricional situado aproximadamente 12 semanas después de plena floración, con un margen de ±10 días.
El valor analítico adquiere, por tanto, significado cuando se conoce cómo, dónde y cuándo se obtuvo la muestra. Después puede evaluarse si ese estado mineral tiene alguna expresión medible en la fruta.
Nitrógeno y equilibrio entre crecimiento y calidad
El nitrógeno sostiene procesos centrales del cerezo: expansión foliar, síntesis de proteínas, actividad fotosintética, crecimiento vegetativo y formación de reservas. Estas últimas son especialmente relevantes porque una parte del N utilizado al comienzo de la primavera procede de órganos perennes antes de que la absorción radicular de la nueva campaña alcance su máxima contribución.
Desde la perspectiva de calidad, la evidencia experimental muestra una respuesta claramente dependiente del sistema.
Durante tres campañas, entre 2003 y 2005, Neilsen et al. (2007) evaluaron en ‘Lapins’ sobre Gisela 5 tres concentraciones de N —42, 84 y 168 mg N L⁻¹— aplicadas como nitrato cálcico mediante fertirrigación por microaspersión durante aproximadamente ocho semanas después de plena floración. El suministro más elevado redujo el tamaño del fruto y la acidez titulable; sin embargo, la firmeza y los sólidos solubles no presentaron diferencias significativas atribuibles al N.
Swarts et al. (2017) estudiaron en Tasmania árboles de 10 años de ‘Lapins’ sobre F12-1. Aplicaron 0, 25, 50 o 75 g N árbol⁻¹ como nitrato cálcico mediante fertirrigación por goteo, fraccionados en cuatro aplicaciones semanales que comenzaron aproximadamente un mes después de la brotación. El aumento del N incrementó la concentración del elemento en el fruto y la dosis más elevada produjo frutos significativamente menos firmes en las evaluaciones de cosecha y postcosecha.
En otro contexto, Uçgun (2019) estudió durante 2015 y 2016 ‘0900 Ziraat’ sobre Gisela 5 con dosis de 0, 50, 125 y 250 g N árbol⁻¹. Los fertilizantes se aplicaron bajo la copa en seis fracciones iguales, disueltas en agua, entre plena floración y cosecha. La respuesta fue diferente: aumentaron la firmeza y determinados parámetros de color.
La comparación de estos trabajos impide asignar al N una consecuencia única sobre «la calidad». El suministro elevado se ha relacionado con calibre, acidez, firmeza o color según cultivar, patrón y condiciones experimentales. Para un huerto concreto resulta, por ello, más informativo relacionar el N foliar con vigor, carga y evolución real de la fruta que interpretar de forma aislada la concentración mineral.
Un árbol con crecimiento vegetativo intenso puede encontrarse perfectamente abastecido de N y, al mismo tiempo, estar produciendo una respuesta de calibre o textura que conviene medir.
Potasio y expresión del calibre, la firmeza y la composición
El potasio presenta una relación especialmente interesante con el fruto. Participa en la regulación osmótica, el funcionamiento estomático, el transporte de fotoasimilados y el equilibrio iónico, y su demanda está estrechamente vinculada a la carga de cosecha.
Durante las campañas 2017 y 2018, Yener y Altuntaş (2021) estudiaron ‘0900 Ziraat’ sobre Gisela 6 con 0, 100, 200, 400 y 600 g K₂O árbol⁻¹, aportados como K₂SO₄ al suelo en bandas de unos 20 cm de profundidad en la proyección de la copa. La mitad se aplicó antes de la brotación y la otra mitad durante la floración.
Con 400 g K₂O árbol⁻¹, el peso medio aumentó de 8,41 a 10,13 g, la firmeza de 6,63 a 7,94 N y los sólidos solubles de 15,15 a 16,36 % respecto al control.
La evolución al aumentar todavía más el suministro resulta particularmente informativa. Con 600 g K₂O árbol⁻¹, el K foliar fue prácticamente equivalente al obtenido con 400 g, mientras el Ca foliar descendió de 1,74 a 1,32 % y el Mg de 0,47 a 0,40 %. La firmeza disminuyó además hasta 7,12 N.
El resultado no identifica una dosis óptima transferible a otros huertos. Sí muestra que la respuesta de calidad puede alcanzar una zona de rendimiento decreciente y que aumentar K modifica simultáneamente el equilibrio K–Ca–Mg.
En 2015 y 2016, Ateş et al. (2022) aplicaron K₂SO₄ al suelo, bajo la copa y en una sola aplicación antes de plena floración, con dosis de 0, 500, 1000 y 1500 g árbol⁻¹, en árboles de 15–20 años de ‘Ziraat 900’ sobre Prunus padus. La dosis más alta aumentó significativamente el peso, la firmeza y la materia seca soluble del fruto en ambas campañas; la longitud aumentó significativamente en 2016, pero no en 2015. El K del fruto aumentó, mientras Ca y Mg disminuyeron. La consistencia interanual fue, por tanto, mayor para peso, firmeza y materia seca soluble que para longitud.
El contraste con Uçgun (2019) es especialmente útil. Durante 2015–2016, su ensayo con ‘0900 Ziraat’/Gisela 5 partía de un suelo que contenía 371 mg K kg⁻¹. Las dosis crecientes de K apenas modificaron las variables de calidad estudiadas.
La disponibilidad inicial constituye, por tanto, una variable necesaria para interpretar la respuesta. El K puede ser limitante para determinadas características de calidad en un sistema y aportar escasa respuesta adicional en otro que ya dispone de una oferta elevada.
También existen efectos sobre la condición postcosecha. Bustamante et al. (2021) trabajaron con ‘Regina’ en dos huertos comerciales del sur de Chile y dos campañas consecutivas por localidad —2018/2019 y 2019/2020 en Perquenco; 2019/2020 y 2020/2021 en Puerto Octay—. Compararon un programa convencional de cuatro aplicaciones foliares precosecha de K con otro intensivo de siete aplicaciones. El programa intensivo mejoró la firmeza y la acidez de los frutos cubiertos en determinadas combinaciones de localidad y campaña, se asoció con menor cracking a cosecha y redujo el pitting postcosecha. La magnitud y, para algunos atributos, la significación de estas respuestas dependieron de la localidad, la campaña y la presencia de cubierta.
Ese diseño documenta la respuesta a un programa completo de aplicaciones, no una necesidad nutricional universal ni una dosis directamente transferible a otro huerto.
Calcio y limitaciones de transporte hacia el fruto
Con el calcio cambia la naturaleza del problema. La disponibilidad edáfica constituye solamente el comienzo de una cadena que incluye absorción radicular, transporte interno, entrada en el fruto y distribución dentro de sus tejidos.
La mayor parte del Ca se desplaza asociada al flujo xilemático. Conforme la cereza crece, la funcionalidad vascular y la transpiración del fruto condicionan su acumulación. Winkler et al. (2020) demostraron que la masa total de Ca por fruto puede continuar aumentando durante el desarrollo mientras su concentración por unidad de materia seca disminuye como consecuencia del rápido crecimiento.
El Ca tampoco se distribuye homogéneamente. Entre los cultivares estudiados por Winkler et al. (2020), los frutos maduros presentaron relaciones Ca/materia seca comprendidas aproximadamente entre 0,46 y 1,26 mg g⁻¹, y dentro de cada fruto los valores de la región peduncular fueron entre dos y tres veces superiores a los de la región estilar.
Esto ayuda a explicar por qué una elevada disponibilidad de Ca en el suelo o incluso una concentración foliar adecuada no permiten deducir directamente la concentración que alcanzará la cereza.
Los estudios isotópicos han añadido nueva información. Matteo et al. (2026) demostraron mediante ⁴⁴Ca que existe transferencia local desde las hojas de un dardo fructífero hacia sus frutos incluso en fases avanzadas del desarrollo. El experimento demuestra la transferencia, aunque no establece por sí mismo la vía anatómica responsable.
También se ha demostrado experimentalmente la penetración de Ca aplicado directamente sobre la superficie de la cereza (Winkler & Knoche, 2021a, 2021b). Esa capacidad de entrada constituye un mecanismo de incorporación, pero su existencia no equivale automáticamente a una mejora de firmeza o condición comercial.
La respuesta de calidad debe comprobarse experimentalmente.
Durante la campaña 2018/2019, Matteo et al. (2022) evaluaron en ‘Lapins’ sobre Colt aplicaciones foliares de CaCl₂ al 0,8 % realizadas a 26, 39 o 62 días después de plena floración, combinadas con carga natural o reducción del 50 % de frutos.
La aplicación temprana presentó la mayor firmeza media a cosecha, 85,2 frente a 80,0 unidades Shore en el control. Las aplicaciones realizadas a 39 o 62 días redujeron el cracking en los árboles aclarados. Tras 45 días a 0 °C, varias variables de condición estuvieron fuertemente condicionadas por la carga y la firmeza mostró una interacción significativa entre carga y momento de aplicación.
El resultado muestra algo especialmente relevante para el manejo: la respuesta al Ca depende tanto de su llegada al fruto como del estado de desarrollo y de la carga que sostiene el árbol.
Boro y composición de la cereza
El boro suele asociarse principalmente con crecimiento reproductivo, floración y cuajado, pero la literatura específica de cerezo muestra también respuestas en la composición de la fruta.
Durante 2003 y 2004, Wójcik y Wójcik (2006) trabajaron con árboles adultos de ‘Buttner’s Red’ sobre Mazzard en un suelo con 0,31–0,34 mg B kg⁻¹. Compararon una aplicación de B al suelo en brotación con pulverizaciones foliares de primavera o de otoño. Todos los tratamientos elevaron el B de flores y hojas, mientras densidad floral, rendimiento, peso del fruto, acidez y cracking permanecieron sin cambios significativos. Los sólidos solubles y las antocianinas sí aumentaron.
El resultado separa de forma muy clara estado nutricional, respuesta productiva y respuesta composicional.
Entre 2005 y 2007, Nagy et al. (2010) estudiaron en ‘Germersdorfi 3’ sobre Prunus mahaleb un programa de fertilización foliar que comparaba tratamientos con K, Ca y B. El B fue el único tratamiento que incrementó significativamente los cuatro azúcares analizados.
En el tratamiento de mayor intensidad, la glucosa pasó de 5,29 a 7,22 g 100 g⁻¹ de peso fresco, la fructosa de 5,12 a 7,11, la galactosa de 0,27 a 0,81 y la sacarosa de 0,23 a 0,70 g 100 g⁻¹. Paralelamente disminuyeron varios ácidos orgánicos.
La evidencia disponible permite afirmar que el B puede modificar determinados atributos composicionales en condiciones concretas. Su traducción a una estrategia general requiere conocer el estado inicial del árbol, la vía de aplicación y las condiciones del ensayo.
Además, B y Ca presentan interacciones fisiológicas. Bonomelli et al. (2025), utilizando ⁴⁵Ca en árboles de tres años de ‘Regina’, observaron que la deficiencia de B reducía la recuperación del ⁴⁵Ca aplicado al suelo —29,9 % frente a 54,5 % con B adecuado— y modificaba su distribución entre órganos. El resultado documenta una interacción entre ambos elementos, pero no demuestra por sí mismo una consecuencia determinada sobre firmeza o calidad comercial.
Fósforo, magnesio y respuestas menos conocidas
La evidencia específica sobre P y Mg es más reducida, pero ofrece resultados de interés.
González-Villagra et al. (2025) estudiaron durante la campaña 2023/2024 un huerto comercial de ‘Regina’ sobre Gisela 6 cultivado bajo cubierta en el sur de Chile. Desde el cambio de color aplicaron por vía foliar una formulación comercial con 44 % de P₂O₅: dos aplicaciones a 1,5 L ha⁻¹ o tres aplicaciones a 2,2 L ha⁻¹, además del control sin P.
En cosecha no se observaron diferencias significativas en peso medio, calibre medio o sólidos solubles.
Después de 35 días de conservación a 0 °C, el tratamiento de mayor intensidad se asoció frente al control con reducciones aproximadas de 70 % en pitting, 31 % en deshidratación, 56 % en piel de naranja y 29 % en pardeamiento interno.
El ensayo corresponde a un huerto, una campaña y una formulación comercial concreta, por lo que las respuestas no pueden atribuirse de forma inequívoca al P ni extrapolarse como pauta general. Su interés reside en mostrar que una intervención nutricional puede expresar buena parte de su efecto durante la conservación y no necesariamente en las variables medidas a cosecha.
Santos et al. (2024) evaluaron durante tres campañas, de 2019 a 2021, cinco programas en ‘Burlat’: tratamientos foliares con Mg o K aplicados individualmente y un control positivo que recibía conjuntamente 250 g de Mg y 100 g de K por 100 L de agua. Cada programa se aplicó tres veces durante el desarrollo y la maduración del fruto. Algunas variables físico-químicas, incluidos sólidos solubles y color, respondieron en determinados años, pero la magnitud y dirección de los efectos cambiaron entre campañas.
La comparación debe interpretarse teniendo en cuenta que ese «control» no era un tratamiento sin fertilización, sino un control positivo con Mg + K.
El análisis sensorial no detectó un efecto significativo del tratamiento ni de la interacción tratamiento × año. Las diferencias físico-químicas observadas no se tradujeron, por tanto, en una modificación sensorial demostrada.
Dirección de las respuestas de calidad documentadas en cerezo
| Nutriente | Dirección de las respuestas observadas en los estudios citados | Contexto necesario para interpretarlas |
| N | En ‘Lapins’/Gisela 5, con suministro alto disminuyeron calibre y acidez, mientras firmeza y SST no mostraron diferencias significativas. En ‘Lapins’/F12-1 disminuyó la firmeza. En ‘0900 Ziraat’/Gisela 5 aumentó la firmeza y cambiaron parámetros de color. | La dirección cambia entre cultivares, patrones, dosis y sistemas; debe relacionarse con vigor y carga. |
| K | En sistemas con respuesta aumentaron peso, firmeza, SST y acidez. Con suministro elevado disminuyeron Ca y Mg. En el estudio de programas foliares en ‘Regina’, el régimen intensivo se asoció con menor cracking a cosecha y redujo el pitting postcosecha, con respuestas dependientes de localidad, campaña y cubierta. Con K edáfico elevado, las variables de calidad no mostraron diferencias significativas. | Estado inicial de K, suelo, balance K–Ca–Mg, vía de aplicación y campaña. |
| Ca | La aplicación foliar temprana aumentó la firmeza. Aplicaciones posteriores en árboles aclarados redujeron el cracking. Después del almacenamiento, la firmeza dependió de la interacción carga × momento. | Transporte al fruto, estado de desarrollo, carga y momento de aplicación. |
| B | En un ensayo aumentaron SST y antocianinas, mientras rendimiento, peso, acidez y cracking no mostraron diferencias significativas. En otro aumentaron glucosa, fructosa, galactosa y sacarosa y disminuyeron varios ácidos orgánicos. | Estado inicial de B, vía de aplicación, cultivar y condiciones del ensayo. |
| P | A cosecha, peso medio, calibre medio y SST no mostraron diferencias significativas. Tras 35 días disminuyeron pitting, deshidratación, piel de naranja y pardeamiento interno. | Evidencia limitada y obtenida con una formulación comercial concreta. |
| Mg | SST y color se modificaron en determinadas campañas; la respuesta dependió del año y los atributos sensoriales no mostraron diferencias significativas. | Fuerte efecto de campaña y evidencia experimental todavía limitada. |
La dirección indicada corresponde únicamente al control o tratamiento de referencia de los estudios citados y a sus condiciones experimentales. No representa una respuesta universal del nutriente ni una recomendación de fertilización.
La tabla pone de manifiesto algo fundamental: la calidad constituye un conjunto de respuestas y no una variable única. Calibre, firmeza, composición, color y aptitud para conservación pueden responder independientemente e incluso en direcciones diferentes.
El caso del N resulta especialmente ilustrativo: la firmeza disminuyó en un sistema, aumentó en otro y permaneció sin cambios significativos en un tercero. Esa aparente contradicción no invalida los resultados; muestra que la respuesta nutricional está condicionada por el sistema en el que se obtiene.
Carga, agua y equilibrio mineral modifican la respuesta
La carga de frutos constituye una de las variables que más fácilmente se pierde al interpretar una analítica.
Dos árboles con una concentración foliar semejante pueden estar sosteniendo cantidades de fruta muy diferentes. La carga modifica la demanda mineral y el reparto de fotoasimilados, agua y nutrientes entre órganos. El trabajo de Matteo et al. (2022) demuestra, por ejemplo, que carga y momento de aplicación de Ca interactúan para determinadas variables de calidad.
Algo similar ocurre con el agua. La adquisición radicular de nutrientes depende del funcionamiento de la zona radicular y de los flujos de agua, mientras el transporte interno de determinados elementos —especialmente Ca— está estrechamente relacionado con el xilema.
El equilibrio entre nutrientes añade una tercera capa. K, Ca y Mg constituyen el ejemplo mejor documentado. Incrementos importantes del suministro de K se han asociado en varios ensayos con disminuciones simultáneas de Ca y Mg. Este comportamiento justifica evaluar el perfil catiónico completo cuando se modifica significativamente uno de sus componentes.
Las relaciones entre nutrientes pueden aportar información adicional, pero tampoco sustituyen a las concentraciones individuales. Un mismo cociente K:Ca puede obtenerse a partir de combinaciones muy diferentes de ambos elementos y, por tanto, representar estados fisiológicos distintos.
La nutrición precosecha puede expresarse durante la postcosecha
Para una cereza destinada a mercados próximos, la evaluación a cosecha puede cubrir buena parte de la información comercial necesaria. Para fruta destinada a almacenamiento prolongado o exportación, puede resultar insuficiente.
Los trabajos de Bustamante et al. (2021), González-Villagra et al. (2025), Swarts et al. (2017) y Matteo et al. (2022) muestran que determinadas diferencias relacionadas con el manejo mineral pueden expresarse posteriormente en firmeza, pitting, deshidratación, cracking u otras alteraciones.
Esto introduce una consecuencia tecnológica importante: la valoración de una estrategia nutricional debería utilizar el mismo horizonte temporal que el destino comercial de la fruta.
Si una partida debe mantener condición durante cuatro o cinco semanas, la respuesta relevante es también la que se observa después de ese periodo y no únicamente la registrada el día de recolección.
El perfil mineral empieza a utilizarse para anticipar la calidad
La relación entre nutrición y calidad está avanzando desde la explicación fisiológica hacia la predicción.
Sharifi et al. (2024) abordaron el problema mediante un diseño diferente de los ensayos anteriores. No aplicaron experimentalmente un nutriente para provocar una respuesta, sino que estudiaron durante dos años 30 huertos comerciales de ‘Staccato’ del valle de Okanagan e integraron la composición mineral del suelo, hojas, frutos jóvenes y frutos con la calidad observada después de cuatro semanas de almacenamiento.
Los modelos alcanzaron R² de 0,88 para sólidos solubles, 0,83 para firmeza y 0,79 para acidez. Entre las variables seleccionadas aparecieron, dependiendo del atributo, Ca y Mg del suelo y N, Ca, Mg, Fe, Zn o B en distintos tejidos.
El resultado demuestra que el perfil mineral precosecha contiene información predictiva sobre el comportamiento posterior de la fruta.
Sin embargo, predicción y causalidad representan cuestiones diferentes. Que una variable mineral resulte útil para predecir la firmeza no demuestra que modificar aisladamente ese nutriente vaya a producir el cambio previsto.
Esta distinción será particularmente importante conforme análisis mineral, sensores y modelos predictivos comiencen a integrarse en sistemas de apoyo a la decisión.
Del estado mineral a la calidad
La nutrición mineral puede visualizarse como una cadena:
suelo y agua → adquisición radicular → estado mineral del árbol → distribución entre órganos → composición del fruto → calidad a cosecha → comportamiento postcosecha.
Cada transición añade información y también posibles factores limitantes.
El análisis foliar permite conocer dónde se encuentra el árbol respecto a determinadas referencias. El suelo y el agua ayudan a interpretar la oferta. El vigor y la carga describen parte de la demanda. La composición mineral del fruto informa de la distribución alcanzada. Y calibre, firmeza, sólidos solubles, acidez, color y condición postcosecha muestran finalmente la expresión tecnológica del sistema.
Los datos experimentales disponibles permiten pasar así de una visión de la nutrición centrada exclusivamente en concentraciones minerales a otra basada en respuestas medibles de la cereza.
La estrategia nutricional adquiere valor cuando mantiene un estado mineral compatible con la demanda del árbol y ese equilibrio se traduce en los atributos de producción y calidad que exige el destino de la fruta.
Referencias
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