Inducción floral, diferenciación de yemas, reservas y manejo del ciclo previo
La cosecha de cereza no se decide únicamente durante la primavera ni durante las semanas previas a la recolección. Una parte sustancial del potencial productivo se construye durante el ciclo anterior, cuando se forman las yemas florales, se define su calidad, se acumulan reservas y el árbol entra al invierno con un determinado equilibrio vegetativo-reproductivo.
Esta idea es clave para interpretar la productividad del cerezo. Una floración abundante en primavera no aparece de la nada: procede de una secuencia previa de inducción floral, diferenciación de primordios, maduración de yemas, acumulación de carbohidratos, estado hídrico, sanidad foliar y gestión de la carga. Por eso, cuando una campaña presenta floración irregular, baja fertilidad de yemas o escaso cuajado, conviene mirar hacia atrás: muchas veces la explicación comenzó meses antes.
La entrada anterior se centró en el frío invernal, la dormancia y los modelos térmicos. En esta segunda entrada el foco se desplaza al ciclo previo: cómo se construye la yema que después tendrá que atravesar el invierno, responder al frío, brotar, florecer y sostener el cuajado inicial.
Índice de contenidos
1. Construcción de la yema floral
2. Inducción floral y temperatura estival
6. Estrés estival, riego y equilibrio
7. Calor estival y frutos dobles
10. Diagnóstico del ciclo previo

Figura 1. La producción final de cerezas resulta de una cadena fisiológica que comienza antes del invierno: implantación, ciclo previo, dormancia, floración, desarrollo y maduración.
1. Construcción de la yema floral
En cerezo, la inducción floral y la organogénesis de la yema ocurren durante la campaña anterior a la floración. Villar et al. (2020) recuerdan que la inducción floral y la formación de órganos florales tienen lugar en yemas especializadas durante el verano, aproximadamente nueve meses antes de la floración, y que en ese periodo se establecen rasgos tan importantes como el número de yemas florales por árbol y la fertilidad de la yema.
Esto cambia la forma de entender el rendimiento. El productor suele mirar la primavera porque es cuando ve flores, abejas, heladas y cuajado. Pero el árbol empezó a decidir mucho antes cuántas yemas podrían ser florales, cuántas flores podrían contener, qué calidad tendrían esos primordios y con qué reservas llegarían al invierno.
La diferenciación floral no es un evento instantáneo. El desarrollo floral del cerezo ha sido descrito morfológicamente dentro de la escala BBCH (Fadón et al., 2015), pero en campo no avanza como una secuencia rígida e idéntica para todos los cultivares. Es una transición anatómica y molecular en la que el meristemo deja de comportarse como meristemo vegetativo y pasa a organizar estructuras florales. Fadón et al. (2018b) mostraron que el desarrollo floral temprano y tardío puede ser asincrónico entre cultivares y campañas, pero que existe una asociación consistente entre un determinado estado de desarrollo floral y la fase de dormancia. Por tanto, la yema entra al invierno con una historia previa, no como una estructura indiferenciada.
2. Inducción floral y temperatura estival
La formación de yemas florales exige un equilibrio fino entre crecimiento vegetativo, disponibilidad de asimilados y señales ambientales. Sønsteby y Heide (2019), trabajando con cultivares como Lapins y Van, observaron que el crecimiento de brotes aumentó con la temperatura en el rango de 12 a 21 °C, pero que el cese de crecimiento y la iniciación floral se situaron hacia finales de verano. En sus condiciones experimentales y de campo, temperaturas más bajas durante el verano, en torno a 12-15 °C, favorecieron la floración frente a 21 °C, que tendió a deprimir la formación de yemas florales aunque estimuló la diferenciación posterior.
La lectura agronómica no es que el cerezo necesite veranos fríos, sino que el exceso de calor, el vigor descontrolado, la carga mal equilibrada, el sombreo interno o el estrés hídrico sostenido pueden desplazar el equilibrio del árbol y comprometer la calidad de la yema.
Además, las temperaturas elevadas durante la diferenciación floral se han relacionado con alteraciones morfológicas, como la formación de pistilos dobles o frutos dobles en determinadas condiciones y cultivares. Este fenómeno merece una lectura propia porque conecta clima estival, organogénesis floral y calidad comercial de la cosecha siguiente.
Tabla 1. Secuencia anual de construcción del potencial productivo en cerezo.
| Periodo | Proceso dominante | Qué se decide | Variables críticas |
| Verano | Inducción floral y comienzo de la diferenciación | Se define parte del potencial de yemas florales y de la fertilidad futura. | Temperatura, vigor, carga, sombreo, estrés hídrico y estado sanitario. |
| Final de verano-otoño | Diferenciación de primordios y maduración de yemas | La yema avanza anatómicamente antes de entrar en dormancia. | Cese de crecimiento, disponibilidad de asimilados, sanidad foliar y balance vegetativo-reproductivo. |
| Otoño | Entrada progresiva en reposo | La yema no entra al invierno en blanco: llega con un estado fisiológico concreto. | Caída de hoja, reservas, carbohidratos, agua, nutrición y exposición a estrés previo. |
| Invierno | Dormancia y ajuste metabólico | La yema necesita frío, pero también mantiene procesos internos. | Frío efectivo, carbohidratos, agua, estado del árbol y cultivar. |
| Primavera | Reactivación, floración y cuajado inicial | Se expresa el potencial construido durante el ciclo previo. | Forcing, heladas, polinización, EPP, reservas y sincronía fenológica. |
3. Calidad de yema
Contar yemas florales no es suficiente. En cerezo interesa distinguir entre presencia de yemas, calidad de yemas y capacidad real de esas yemas para sostener floración, fecundación y cuajado. Villar et al. (2020) señalan que durante el desarrollo floral se establecen rasgos como el número de yemas florales y la fertilidad de la yema, entendida en relación con el número de flores por yema. Es decir, el potencial productivo no depende solo de cuántas yemas se forman, sino de cómo se forman.
Desde el punto de vista molecular, la diferenciación de yemas implica una reorganización intensa de la expresión génica. Villar et al. (2020) identificaron miles de genes diferencialmente expresados durante el desarrollo de yemas florales de cerezo, incluyendo genes de identidad floral, factores de transcripción y señales hormonales. Vimont et al. (2019), por su parte, mostraron que las etapas de organogénesis, paradormancia, endodormancia y ecodormancia presentan estados transcriptómicos diferenciados y conservados entre cultivares.
Este nivel molecular tiene una consecuencia práctica: no basta con que el árbol “lleve yemas”; interesa saber si esas yemas se formaron bajo condiciones favorables, completaron la diferenciación, acumularon reservas y entraron al invierno con capacidad de responder al frío y al calor posterior.
4. Reservas y carbohidratos
El cerezo florece antes de desarrollar plenamente su superficie foliar. Esto tiene una implicación fisiológica enorme: los primeros procesos reproductivos de la primavera dependen en gran medida de reservas acumuladas previamente. Fadón et al. (2018a) subrayan que, en especies como cerezo, la antesis y la fecundación ocurren con muy poca área foliar activa, por lo que el proceso reproductivo depende de reservas almacenadas.
La yema floral tampoco permanece metabólicamente inerte durante el invierno. Fadón et al. (2018a) mostraron que los primordios florales acumulan almidón activamente durante el reposo invernal. Esta acumulación no es un detalle menor: indica que la dormancia no es una pausa metabólica absoluta, sino una fase en la que la yema sigue preparándose para la floración.
Kaufmann y Blanke (2017) analizaron cambios en carbohidratos y contenido relativo de agua para distinguir fases de dormancia en cerezo. Su trabajo refuerza la idea de que la transición hacia la brotación no depende solo de temperatura, sino también de cambios en sorbitol, almidón, azúcares solubles y estado hídrico de la yema. Götz et al. (2014) también documentaron cambios estacionales en parámetros fisiológicos de las yemas, incluidos azúcares y componentes minerales.
La lectura técnica es directa: una mala gestión del ciclo previo puede dejar al árbol con menor capacidad de sostener los primeros eventos reproductivos de la campaña siguiente. No se trata solo de “tener frío suficiente”; se trata de que la yema que recibe ese frío tenga reservas, integridad y calidad fisiológica.
5. Carga, vigor y luz
La inducción floral ocurre en competencia con otros procesos: crecimiento vegetativo, desarrollo del fruto, acumulación de reservas y mantenimiento de la hoja. Si la carga es muy alta, los frutos actúan como sumideros fuertes y pueden limitar la disponibilidad de asimilados para otros destinos. Si el vigor es excesivo, el árbol puede priorizar crecimiento vegetativo y generar sombreo interno. Si la copa está mal iluminada, determinadas zonas pueden formar yemas de menor calidad o con peor diferenciación.
En cerezo, la relación entre crecimiento y floración es especialmente sensible porque la iniciación floral se produce después del cese o desaceleración del crecimiento vegetativo. Sønsteby y Heide (2019) observaron una relación estrecha entre cese de crecimiento e iniciación floral. Esto no debe interpretarse como una regla rígida, pero sí como una señal fisiológica: mientras el árbol mantiene un crecimiento vegetativo intenso, la transición hacia estructuras florales puede verse condicionada.
El sombreo merece una lectura prudente. Una copa excesivamente densa reduce radiación en el interior, limita fotosíntesis local, modifica temperatura y humedad de las yemas y puede alterar la relación fuente-sumidero. Pero tampoco se trata de exponerlo todo sin criterio: la gestión de la copa debe equilibrar luz, temperatura, vigor, protección frente a estrés y renovación productiva.
La bajada agronómica de este diagnóstico es que el vigor se gobierna antes de que se convierta en un problema de yema: ajuste de carga, poda, renovación de madera fructífera, elección de patrón, entrada de luz, control del crecimiento estival y riego bien dirigido. En sistemas con vigor excesivo se han evaluado reguladores como la Prohexadiona-Cálcica, capaz de reducir el crecimiento de brotes al interferir con la biosíntesis de giberelinas (Cares et al., 2014; Varaldo y Giacalone, 2025). Su interés técnico está en el control del crecimiento; en campo, solo encaja cuando el producto está autorizado para el cultivo y la estrategia se ajusta a etiqueta, cultivar, patrón, vigor real del árbol y momento de aplicación.
Tabla 2. Factores del ciclo previo que pueden condicionar la calidad de yema y el potencial productivo posterior.
| Factor | Mecanismo principal | Riesgo para el ciclo siguiente | Indicadores de campo |
| Carga productiva alta | Fuerte demanda de asimilados por los frutos | Menor acumulación de reservas o menor calidad de yemas si el árbol queda agotado | Carga por árbol, calibre, crecimiento de brotes, retorno floral |
| Vigor excesivo | Competencia vegetativa, sombreo interno y retraso del equilibrio reproductivo | Diferenciación floral menos equilibrada, menor entrada de luz y yemas de peor calidad potencial | Longitud de brotes, densidad de copa, patrón, carga, poda y necesidad de controlar vigor |
| Sombreo interno | Menor fotosíntesis local y cambios microclimáticos | Yemas con menor calidad potencial en zonas mal iluminadas | Distribución de luz, posición de yemas, madera fructífera |
| Estrés hídrico severo | Reducción de fotosíntesis, estado hídrico y duración de hoja funcional | Menor acumulación de reservas y peor cierre fisiológico si el déficit supera niveles tolerables | Potencial hídrico, crecimiento, temperatura de copa, hoja, suelo y estrategia de riego |
| Calor estival intenso | Interferencia en diferenciación y posible alteración floral | Mayor riesgo de desarrollo floral anómalo o yemas menos funcionales | Temperatura de copa, máximas estivales, daño por calor |
| Defoliación o pérdida sanitaria de hoja | Pérdida de fuente fotosintética | Menor capacidad de acumulación de reservas antes del invierno | Sanidad foliar, duración efectiva de la hoja, caída prematura |
6. Estrés estival, riego y equilibrio
El aumento de temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor modifican la forma de interpretar el ciclo previo. Villar et al. (2020) advierten que los veranos más cálidos y secos pueden interferir con el desarrollo de yemas florales y hacen necesario comprender mejor los mecanismos moleculares y hormonales asociados a la diferenciación floral. Esta afirmación es especialmente relevante en regiones productoras sometidas a estrés térmico o hídrico durante el verano.
El estrés estival no tiene un único efecto: puede reducir fotosíntesis, alterar el balance vegetativo-reproductivo, acelerar senescencia foliar, modificar reservas y afectar la diferenciación floral. Su impacto aumenta cuando coincide con carga elevada o con una copa excesivamente vigorosa y mal iluminada.
La clave es diagnosticar qué componente del sistema está fallando —calor, estrés hídrico, falta de hoja funcional, sombreo, agotamiento por carga, vigor excesivo o desequilibrio nutricional— porque cada problema deja una señal distinta y exige una respuesta diferente.
El riego forma parte de esa lectura. En postcosecha, la alternativa técnica no es mantener siempre el máximo aporte de agua ni dejar al árbol entrar en sequía, sino ajustar el riego al vigor, carga, suelo y clima. El riego deficitario controlado puede ayudar a contener el crecimiento vegetativo y mejorar el equilibrio fuente-sumidero, siempre que no derive en estrés severo capaz de reducir fotosíntesis, acortar la vida funcional de la hoja o limitar la acumulación de reservas. Por eso debe manejarse con indicadores de estado hídrico y no como una simple reducción de agua por calendario (Blanco et al., 2019, 2020).
7. Calor estival y frutos dobles
Uno de los ejemplos más claros de que la producción de cereza se decide en el ciclo anterior es la formación de pistilos dobles y frutos dobles. Aunque el defecto se observa en floración o en cosecha, su origen se sitúa durante la diferenciación floral del verano previo.
En cerezo, los frutos dobles se asocian a una diferenciación anómala de los primordios del pistilo. Estudios anatómicos mediante microscopía electrónica han mostrado que algunas yemas florales desarrollan dos pistilos, e incluso ocasionalmente tres, durante la organogénesis floral. En ‘Van’, la mayoría de los primordios anómalos observados presentaban dos pistilos de desarrollo similar, lo que ayuda a entender por qué algunas flores pueden originar frutos dobles si ambos ovarios continúan su desarrollo (Engin y Ünal, 2008a).
La temperatura elevada durante esta ventana de diferenciación es el factor más consistente asociado al problema. En condiciones naturales de Kagawa, la iniciación floral de ‘Satohnishiki’ comenzó a principios de julio; sépalos, pétalos y estambres se diferenciaron de forma secuencial, y los primordios de pistilo se iniciaron hacia mediados de agosto. En el ensayo de Beppu et al. (2001), los tratamientos térmicos entre finales de junio y comienzos de septiembre mostraron que la fase más sensible fue la transición desde primordios de sépalos hacia primordios de pétalos, especialmente en el tramo de finales de julio a primeros de agosto. Estas fechas no deben trasladarse mecánicamente a todas las zonas productoras, pero sí ayudan a ubicar el riesgo: semanas posteriores a la cosecha y durante la organogénesis temprana, no en la floración visible de la primavera siguiente.
El umbral térmico no debe interpretarse como una frontera absoluta, pero temperaturas superiores a 30 °C durante esa organogénesis temprana aumentan claramente el riesgo de pistilos dobles. En Italia y Eslovenia, la incidencia de cerezas dobles fue mayor en localidades con mayor acumulación de máximas diarias en la primavera-verano del año anterior, aunque con diferencias varietales marcadas: en una misma localidad podían coexistir cultivares con alta incidencia y otros sin frutos dobles (Roversi et al., 2008).
La evidencia también sugiere que el calor es más determinante que la sequía como desencadenante directo de los pistilos dobles en cerezo. En ensayos con ‘Van’, las diferencias entre años se relacionaron con las altas temperaturas durante la diferenciación floral, mientras que los tratamientos de sequía en verano no incrementaron por sí solos la proporción de frutos dobles bajo las condiciones evaluadas (Beppu y Kataoka, 1999; Engin y Ünal, 2008b). Ahora bien, esta lectura no debe confundirse con una invitación a descuidar el riego estival. Un árbol con déficit hídrico severo puede reducir fotosíntesis, cerrar antes la campaña, perder hoja funcional y llegar al otoño con menor reserva. Para este defecto concreto, el calor parece la señal más directa; para la calidad fisiológica de la yema, el estado hídrico sigue siendo parte del sistema.
El interés de este fenómeno no es solo morfológico. También tiene una base molecular. La formación de órganos florales está regulada por genes homeóticos, entre ellos genes MADS-box de clases B y C, implicados en la identidad de estambres y carpelos. En cerezo, tratamientos a 35 °C modificaron la expresión de genes B- y C-class MADS-box en yemas florales de ‘Satohnishiki’, con cambios en genes como PaAG y PaPI coherentes con alteraciones en la identidad de órganos florales (Beppu et al., 2019). Estudios más recientes han implicado también a PavFUL, un gen de la familia AP1/FUL, en la formación de frutos dobles inducida por altas temperaturas (Wang et al., 2022).
Desde el punto de vista agronómico, esto tiene varias consecuencias. La prevención de frutos dobles no puede abordarse únicamente en primavera: cuando la flor aparece, la anomalía ya se originó meses antes. La elección varietal, la ubicación de la parcela y el microclima de la copa durante el verano son decisiones estructurales. Ensayos de sombreo en ‘Satohnishiki’ redujeron la temperatura máxima diaria y disminuyeron la frecuencia de pistilos dobles, especialmente con niveles altos de reducción de luz (Beppu y Kataoka, 2000). Más recientemente, diferentes diseños de mallas han mostrado capacidad para reducir temperatura de yema, radiación y la incidencia de pistilos dobles y frutos dobles, aunque la respuesta depende del diseño, del cultivar y de las condiciones locales (Meza-Araya et al., 2025).
Tabla 3. Lectura técnica de los factores asociados a pistilos dobles y frutos dobles en cerezo.
| Factor | Lectura técnica |
| Temperaturas >30 °C durante diferenciación floral | Aumentan el riesgo cuando coinciden con la organogénesis temprana de la yema floral. |
| Momento sensible | Fases iniciales, especialmente transición sépalos/pétalos; en Beppu et al. (2001), máximo riesgo a finales de julio-primeros de agosto en Kagawa. Ajustar a fenología local. |
| Cultivar | La sensibilidad es genotípica; no todas las variedades responden igual bajo el mismo ambiente. |
| Sequía | No aparece como desencadenante principal en los estudios citados, aunque el estado hídrico puede modular el funcionamiento del árbol. |
| Sombreo y mallas | Pueden reducir temperatura/radiación de la copa y disminuir incidencia, según diseño, cultivar y clima local. |
| Base molecular | Cambios en MADS-box (Beppu et al., 2019) y PavFUL (Wang et al., 2022) indican efecto sobre programas de desarrollo floral. |
Los frutos dobles resumen bien el mensaje central: una anomalía comercial visible en cosecha puede haberse originado meses antes, durante la construcción anatómica de la yema floral.
8. Nutrición postcosecha
Después de la cosecha, el árbol no ha terminado su trabajo. En muchas zonas productoras, la postcosecha conserva hojas funcionales durante semanas o meses; esa hoja puede seguir fijando carbono, sostener la maduración de yemas y participar en la reconstrucción de reservas antes del invierno.
Dentro de los macronutrientes, el nitrógeno es el que tiene la relación más directa con esta fase. En cerezo, el N acumulado después de cosecha puede almacenarse en órganos perennes y remobilizarse en primavera hacia brotación, flores, hojas jóvenes y frutos iniciales. Por eso, cuando hay hoja sana y activa, la nutrición nitrogenada postcosecha no debe verse como un abonado tardío sin sentido, sino como una herramienta para reforzar la salida de invierno y los primeros procesos reproductivos (Ayala et al., 2014; Ouzounis y Lang, 2011; Hölzel et al., 2023).
La aplicación de N tampoco debe ser automática. Un árbol con exceso de vigor, carga baja o análisis foliar suficiente no necesita la misma estrategia que un árbol agotado por carga elevada, defoliación, estrés térmico o baja reserva. El momento, la fuente, la dosis y la vía de aplicación deben decidirse con diagnóstico: análisis foliar, vigor, estado sanitario, humedad del suelo, duración prevista de la hoja y comportamiento histórico de la parcela.
Boro y zinc pertenecen a otro nivel de lectura. No son macronutrientes de reserva como el N, pero sí pueden tener interés como micronutrientes de apoyo reproductivo. El boro se relaciona con germinación del polen, crecimiento del tubo polínico y cuajado; el zinc participa en actividad meristemática, metabolismo enzimático y calidad de brotación. Su aplicación postcosecha puede ser razonable cuando el diagnóstico lo justifica, especialmente si existen antecedentes de deficiencia, problemas de floración o baja disponibilidad en hoja (Wójcik y Morgaś, 2013).
Conviene separar esta nutrición de cierre de campaña de otras aplicaciones minerales orientadas a calidad de fruto. Fósforo, potasio, calcio, magnesio o azufre pueden ser importantes en la nutrición general del árbol o en atributos del fruto como firmeza, calibre, rajado o conservación, pero no deben presentarse como equivalentes al N en acumulación de reservas postcosecha. La idea central no es aplicar más elementos, sino aplicar los elementos adecuados para el problema fisiológico correcto.
9. Dormancia y ciclo previo
La entrada anterior explicó que CH, CU, CP y GDH no son métricas equivalentes. Pero incluso el mejor cálculo térmico pierde valor si se interpreta sobre una yema cuya historia previa se desconoce. El frío invernal actúa sobre una estructura que se formó durante el verano y el otoño, con una determinada calidad anatómica, metabólica y fisiológica, y con cambios metabólicos asociados a la salida del reposo (Michailidis et al., 2018).
Por eso, cuando se observan problemas de brotación, floración o cuajado, no debe mirarse solo el invierno. Hay que reconstruir la campaña anterior: carga, vigor, fecha de cosecha, duración de hoja funcional, estrés hídrico, episodios de calor, sombreo, estado sanitario, control del crecimiento, estrategia de riego, nutrición postcosecha y evolución fenológica.
10. Diagnóstico del ciclo previo
Para que esta idea sea útil en campo, conviene traducirla en preguntas de diagnóstico. No se trata de complicar la gestión, sino de evitar interpretaciones parciales. La tabla siguiente resume preguntas que pueden ayudar a relacionar el ciclo anterior con el comportamiento de la floración siguiente.
Tabla 4. Preguntas prácticas para relacionar el ciclo previo con la floración de la campaña siguiente.
| Pregunta de diagnóstico | Qué ayuda a interpretar | Indicadores útiles |
| ¿La carga fue equilibrada para el vigor del árbol? | Permite valorar si la campaña pudo agotar reservas o comprometer retorno floral. | Producción por árbol, calibre, crecimiento de brotes, retorno de flor. |
| ¿La copa mantuvo buena iluminación? | Ayuda a interpretar diferencias de calidad de yema dentro del árbol. | Entrada de luz, densidad de copa, yemas en interior/exterior. |
| ¿Hubo estrés hídrico o térmico severo durante verano? | Puede afectar fotosíntesis, diferenciación floral, reservas y riesgo de anomalías. | Datos climáticos, potencial hídrico, síntomas foliares, crecimiento y manejo del riego. |
| ¿La hoja permaneció sana y funcional tras cosecha? | Condiciona fotosíntesis tardía, acumulación de reservas y eficacia de la nutrición postcosecha. | Sanidad foliar, defoliación, color de hoja, análisis foliar y oportunidad de N, B o Zn. |
| ¿Se observó caída de hoja temprana o irregular? | Puede indicar estrés, problemas sanitarios o cierre fisiológico deficiente. | Fecha y patrón de caída de hoja. |
| ¿Hubo diferencias entre cultivares o zonas de la parcela? | Permite separar efecto genético, microclima y manejo. | Fenología comparada, vigor, carga, posición topográfica. |
| ¿La floración siguiente fue uniforme? | Integra calidad de yema, dormancia, frío, forcing y estado previo. | Fecha de inicio, plena floración, duración y sincronía. |
11. Conclusión técnica
La producción de cerezas empieza el año anterior porque la yema floral que florece en primavera se induce, diferencia y madura durante el ciclo previo. Ese proceso depende de temperatura estival, crecimiento vegetativo, carga, luz, estado hídrico, sanidad foliar, reservas, nutrición postcosecha, cultivar y manejo del vigor.
El frío invernal sigue siendo esencial, pero actúa sobre una yema con historia. Una yema formada bajo buen equilibrio fisiológico, con reservas suficientes y desarrollo adecuado, tendrá mayor probabilidad de responder de forma ordenada al frío y al calor posterior; una yema formada bajo estrés, sombreo, carga excesiva o pérdida temprana de hoja puede llegar al invierno con menor calidad potencial.
La lectura técnica, por tanto, debe ser anual y no estacional. El productor ve la flor en primavera, pero el árbol empezó a construirla durante el verano anterior. Comprender esa continuidad permite pasar de la reacción ante problemas de floración a una gestión preventiva basada en carga equilibrada, copa iluminada, riego bien dirigido, hoja funcional, reservas nitrogenadas y corrección nutricional justificada.
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