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Frío invernal en cerezo: dormancia, requerimientos varietales y riesgo fenológico

De la fisiología de la yema a la interpretación de CH, CU, CP y GDH para la toma de decisiones en campo

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En cerezo, pocas cifras se utilizan tanto —y a veces con tanta ligereza— como las horas frío. Se habla de variedades de bajo, medio o alto requerimiento, se comparan zonas según la acumulación invernal y se toman decisiones varietales con base en un número que parece sencillo de interpretar. Sin embargo, el frío invernal no es una cifra aislada: es una parte de una secuencia fisiológica que conecta el verano anterior, la dormancia de la yema, el calor primaveral, la floración, el riesgo de heladas y la capacidad real de cuajar una cosecha comercial.

Por eso, el objetivo de esta entrada no es sustituir una forma de cálculo por otra, ni defender un modelo como receta universal. La idea central es más técnica: el requerimiento térmico de un cultivar debe interpretarse junto con el estado fisiológico de la yema, el modelo usado para calcular frío y calor, la altitud, el microclima de la parcela, la fenología observada y el riesgo posterior de floración y heladas.

Dicho de otra forma: el problema no es contar frío; el problema es interpretar qué significa ese frío para una variedad concreta en una campaña concreta.

1. El invierno no es una pausa: la yema sigue cambiando

La yema floral del cerezo puede parecer externamente inactiva durante el invierno, pero no está parada. Durante la dormancia se producen cambios anatómicos, metabólicos e hídricos que condicionan la salida del reposo y la calidad de la floración posterior. Esta idea es clave para superar la visión simplificada del invierno como un simple periodo de acumulación de horas frías.

Desde el punto de vista funcional, la dormancia puede organizarse en paradormancia, endodormancia y ecodormancia. En la endodormancia, la propia yema mantiene una inhibición interna que impide el crecimiento aunque el ambiente fuese favorable. A medida que se acumula frío efectivo, esa inhibición se reduce. En la ecodormancia, la yema ya tiene capacidad potencial de crecimiento, pero necesita condiciones externas, sobre todo calor primaveral, para avanzar hacia brotación y floración (Fadón et al., 2018b; Vimont et al., 2019).

Los cambios internos no son menores. En cerezo se ha descrito acumulación activa de almidón en yemas florales durante el invierno, asociada al desarrollo de los primordios y a la progresión de la dormancia (Fadón et al., 2018a). También se han observado cambios en carbohidratos solubles, sorbitol y contenido relativo de agua, útiles para distinguir fases de dormancia y transición hacia el crecimiento (Kaufmann y Blanke, 2017).

La conectividad vascular añade otra dimensión. La diferenciación de vasos del xilema y la rehidratación de los tejidos florales facilitan el reinicio del crecimiento primaveral, pero también reducen la capacidad de tolerar bajas temperaturas. Por eso, la misma yema que durante el invierno podía resistir temperaturas muy bajas se vuelve mucho más vulnerable al avanzar hacia hinchado, punta verde, racimo abierto y floración (Salazar-Gutiérrez et al., 2014; Houghton et al., 2024).

Tabla 1. Procesos internos de la yema durante la dormancia y su lectura técnica

ProcesoQué ocurre en la yemaPor qué importa en campoFuentes clave
Acumulación de almidónLas yemas florales acumulan almidón durante el invierno, especialmente en tejidos del primordio floral.La yema no está inactiva; su estado de reservas forma parte de la preparación para la floración.Fadón et al. (2018a)
Carbohidratos y sorbitolCambian los niveles de azúcares, sorbitol y reservas durante la transición de dormancia.Ayudan a interpretar la salida del reposo y la capacidad de reactivar crecimiento.Kaufmann y Blanke (2017)
Contenido relativo de aguaLa rehidratación aumenta cuando la yema avanza hacia ecodormancia y brotación.Más actividad fisiológica suele implicar menor tolerancia al frío.Kaufmann y Blanke (2017); Houghton et al. (2024)
Conectividad vascularEl desarrollo funcional del xilema favorece rehidratación y crecimiento floral.Marca transición hacia mayor actividad y mayor sensibilidad a heladas.Fadón et al. (2018b); Houghton et al. (2024)
Estado transcriptómicoEl perfil de expresión génica cambia entre formación de yema, dormancia y floración.La dormancia es una fase de regulación activa, no una simple espera térmica.Vimont et al. (2019)

2. Control hormonal y molecular

La dormancia de la yema floral no depende únicamente de la temperatura externa. El frío invernal actúa sobre un sistema biológico regulado por señales hormonales, redes transcripcionales y cambios metabólicos que determinan si la yema permanece inhibida o recupera capacidad de crecimiento. En este contexto, el ácido abscísico (ABA) se asocia al establecimiento y mantenimiento del estado dormante. En cerezo, la caracterización de la familia NCED y, en particular, de PavNCED5, ha reforzado la relación entre biosíntesis de ABA y regulación de la dormancia de yemas (Wang et al., 2023).

La salida del reposo implica una pérdida progresiva de ese estado inhibitorio. No se trata de que la yema “acumule frío” hasta alcanzar una cifra mágica, sino de que el frío sostenido modifica gradualmente su programa interno. En frutales de hueso, los genes DAM (Dormancy Associated MADS-box) forman parte de los reguladores clave del mantenimiento de la dormancia y de su liberación. Su expresión, junto con otros factores de transcripción, contribuye a definir cuándo una yema permanece bloqueada y cuándo empieza a responder a señales externas favorables (Vimont et al., 2019; Villar et al., 2020).

A medida que se reduce la señal inhibitoria asociada al reposo, la yema entra en una fase más sensible al calor primaveral. En esa transición, las giberelinas y sus rutas de percepción adquieren mayor relevancia. La caracterización reciente de receptores PavGID1 y componentes de señalización asociados a giberelinas en yemas florales de cerezo indica que la liberación de dormancia no es solo una desaparición del “freno” impuesto por ABA y DAM, sino también una recuperación progresiva de la capacidad de crecimiento y respuesta al forcing primaveral (Liu et al., 2025).

Esta lectura hormonal y molecular ayuda a entender por qué los modelos térmicos no son simples herramientas contables. Las horas frío, las unidades Utah o las porciones de frío intentan aproximar, con distinto grado de realismo, un proceso interno: la transición de una yema inhibida a una yema competente para brotar y florecer. Por eso, dos inviernos con acumulados térmicos aparentemente similares pueden producir respuestas distintas si difieren en la distribución de temperaturas, en los episodios cálidos, en el estado fisiológico del árbol o en el cultivar.

La consecuencia agronómica es importante: cuando se habla de requerimiento de frío, no se está describiendo solo una necesidad climática externa, sino la cantidad y calidad de exposición térmica necesaria para que una yema concreta complete su transición fisiológica. Esa transición combina regulación hormonal, expresión génica, metabolismo de reservas, rehidratación y recuperación de conectividad funcional. Por ello, el requerimiento de frío debe interpretarse siempre junto con el cultivar, la historia térmica de la campaña y la respuesta fenológica observada en campo.

3. CH, CU, CP y GDH: cuatro indicadores, cuatro lecturas distintas

La acumulación de frío y calor puede expresarse mediante varios modelos. Las horas frío (CH), las unidades Utah (CU), las porciones de frío (CP) y los grados-hora de crecimiento (GDH) no son unidades equivalentes. Cada indicador responde a una pregunta distinta.

Las CH ofrecen una lectura histórica y sencilla. Las CU ponderan la eficacia de cada rango térmico e incorporan penalización por calor. Las CP proceden del modelo dinámico, que interpreta el frío como un proceso de consolidación fisiológica más robusto en climas variables. Los GDH, por su parte, no miden frío, sino calor acumulado después de la fase de frío para avanzar hacia brotación y floración (Fadón et al., 2021, 2023).

Tabla 2. Indicadores térmicos usados en cerezo y principales precauciones de interpretación

IndicadorQué mideDatos requeridosUso técnicoRiesgo de mal uso
CHHoras dentro de un intervalo térmico frío, normalmente 0-7,2 °C.Temperatura horaria; si no hay datos horarios, se usan estimaciones aproximadas.Lectura rápida e histórica de acumulación invernal.Puede sobreestimar frío efectivo en inviernos fluctuantes o cálidos.
CUFrío ponderado según el modelo Utah.Temperatura horaria y tabla de pesos por rango térmico.Incorpora eficacia diferencial del frío y penalización del calor.Puede acumular valores negativos o comportarse de forma inestable en climas suaves.
CPFrío efectivo consolidado en el modelo dinámico.Temperatura horaria y algoritmo iterativo.Muy útil para interpretar inviernos variables y climas mediterráneos.Menos intuitivo; no debe mezclarse con CH o CU como si fueran equivalentes.
GDHCalor primaveral acumulado tras la fase de frío.Temperatura horaria desde una fecha o estado fisiológico definido.Ayuda a estimar avance hacia brotación y floración.No sustituye indefinidamente un déficit fuerte de frío.

Figura 1. Secuencia térmica conceptual de dormancia, acumulación de frío y activación por calor primaveral en cerezo.

4. Recuadro técnico: cálculo de CH, CU, CP y GDH

Para pasar de una discusión general a una herramienta útil, es imprescindible declarar qué modelo se calcula, qué rango térmico se adopta, si los datos son horarios o estimados y desde qué fecha se inicia la acumulación. Sin esa trazabilidad, dos informes de “frío acumulado” pueden no ser comparables.

4.1. Horas frío (CH)

El modelo clásico de horas frío contabiliza una unidad por cada hora en la que la temperatura se sitúa dentro de un intervalo considerado eficaz para la acumulación de frío, habitualmente entre 0 y 7,2 °C. En su forma horaria, puede expresarse como:

CHₕ = 1   si   0 °C ≤ Tₕ ≤ 7,2 °C

CHₕ = 0   si   Tₕ < 0 °C  o  Tₕ > 7,2 °C

donde Tₕ es la temperatura registrada en la hora h. La acumulación diaria, mensual o estacional se obtiene sumando todas las horas que cumplen esa condición:

CH = Σ CHₕ

Cuando no se dispone de datos horarios, se han utilizado aproximaciones lineales a partir de la temperatura máxima diaria (Tₘₐₓ) y la temperatura mínima diaria (Tₘᵢₙ). Una formulación simplificada estima la fracción del día situada por debajo del umbral de 7,2 °C como:

CH_día = ((7,2 − Tₘᵢₙ) / (Tₘₐₓ − Tₘᵢₙ)) × 24

Esta aproximación debe limitarse al rango 0–24 h día¹ y solo tiene sentido bajo supuestos simplificados de variación térmica diaria. Por ejemplo, si toda la jornada se mantiene por encima de 7,2 °C, la acumulación se considera 0; si toda la jornada se mantiene dentro del intervalo frío definido, la acumulación puede aproximarse a 24 h. En zonas con elevada amplitud térmica diaria, inversiones térmicas, episodios cálidos o registros muy variables, estas estimaciones pueden diferir notablemente del cálculo horario real.

Nota técnica. Para una herramienta de cálculo, la entrada preferente debe ser siempre la temperatura horaria. Si se emplean rangos alternativos —por ejemplo, versiones que consideran también temperaturas ligeramente inferiores a 0 °C—, el intervalo utilizado debe declararse explícitamente. No es equivalente calcular CH entre 0 y 7,2 °C, emplear un rango ampliado o estimar las horas frío a partir de temperaturas máximas y mínimas diarias.

4.2. Unidades Utah (CU)

El modelo Utah introduce una mejora conceptual respecto al simple recuento de horas frío: no considera que todas las temperaturas frescas tengan la misma eficacia. Cada hora recibe un peso térmico en función de la temperatura registrada, de modo que las temperaturas más eficaces suman más, las temperaturas poco activas no suman y los episodios cálidos pueden restar unidades al balance acumulado.

En términos operativos, para cada hora se asigna una contribución CU_h según la temperatura horaria T_h:

Recuadro técnico 2. Pesos térmicos habituales del modelo Utah

Temperatura horaria (T_h)Contribución al modelo Utah
T_h ≤ 1,4 °C0 CU
1,5 ≤ T_h ≤ 2,4 °C+0,5 CU
2,5 ≤ T_h ≤ 9,1 °C+1 CU
9,2 ≤ T_h ≤ 12,4 °C+0,5 CU
12,5 ≤ T_h ≤ 15,9 °C0 CU
16,0 ≤ T_h ≤ 17,9 °C−0,5 CU
T_h ≥ 18,0 °C−1 CU

La acumulación diaria, mensual o estacional se obtiene sumando las contribuciones horarias:

CU = Σ CUₕ

La ventaja del modelo Utah es que evita interpretar como equivalentes dos inviernos con el mismo número de horas frías, pero con distinta distribución térmica. Un invierno con temperaturas frescas y estables puede acumular CU de forma más eficiente que otro con muchas oscilaciones cálidas, aunque ambos presenten un número parecido de CH.

Sin embargo, esta misma penalización térmica también explica una de sus limitaciones. En climas suaves, mediterráneos o con alternancia frecuente entre noches frías y días cálidos, el modelo puede generar acumulaciones muy bajas, estabilizadas o incluso negativas durante determinados periodos. Esto no significa necesariamente que el árbol “pierda” fisiológicamente todo el frío ya adquirido, sino que el modelo interpreta esos episodios cálidos como una reducción del balance de frío efectivo.

Por ello, las CU son útiles para introducir el efecto de temperaturas cálidas, pero no deberían utilizarse de forma aislada. En cerezo, su interpretación debe contrastarse con porciones de frío (CP), acumulación de calor posterior (GDH), fenología observada y comportamiento real del cultivar en la zona.

Para una herramienta de cálculo, el modelo Utah exige datos horarios y una declaración explícita de los rangos térmicos empleados. Si se modifica la tabla de pesos o se usa una variante regional, el resultado deja de ser directamente comparable con el modelo Utah clásico.

Nota técnica. El valor de CU es un balance térmico ponderado, no una medida física directa del estado de dormancia de la yema. Por ello debe interpretarse junto con otros modelos y con la fenología observada.

4.3. Modelo dinámico: porciones de frío (CP)

El modelo dinámico expresa la acumulación de frío en porciones de frío (CP). A diferencia de las horas frío (CH) o de las unidades Utah (CU), no funciona como una suma directa de horas dentro de un rango térmico ni como una tabla simple de pesos. Su lógica es cinética: las temperaturas frías favorecen la formación de un intermediario asociado a la ruptura de la dormancia; ese intermediario puede ser parcialmente reversible bajo temperaturas cálidas, pero, cuando alcanza un determinado estado, se transforma en una contribución estable al frío acumulado.

Esta estructura de dos fases explica por qué el modelo dinámico suele ser más robusto en inviernos suaves, variables o con oscilaciones térmicas. No todo episodio frío queda consolidado como frío efectivo, y no todo episodio cálido destruye por igual el avance previo. El modelo intenta representar la diferencia entre frío transitorio y frío fisiológicamente consolidado.

Componentes matemáticos básicos

En una implementación horaria, la temperatura de cada hora debe expresarse en Kelvin:

A partir de esa temperatura, el modelo calcula el nivel potencial del intermediario, una tasa de transición dependiente de la temperatura y una función sigmoidal que modula la conversión hacia porciones de frío. Para evitar ambigüedad tipográfica, en las ecuaciones se representa la pendiente de esa función mediante lambda (λ). Una forma compacta de presentar sus componentes principales es:

Donde:

  •  representa el nivel potencial del intermediario bajo la temperatura de la hora .
  •  es una tasa de transición dependiente de la temperatura.
  •  describe la respuesta térmica de la función sigmoidal.
  •  modula la fracción del intermediario que se transforma en porción de frío.

Los parámetros usados habitualmente en el modelo dinámico son los siguientes:

Recuadro técnico 3a. Parámetros habituales del modelo dinámico.

Actualización horaria del intermediario

El cálculo de CP se realiza de forma iterativa. Para cada hora , el modelo actualiza el estado del intermediario a partir del estado de la hora anterior. Si el intervalo de cálculo es horario, puede expresarse como:

Si el intermediario no alcanza el umbral de conversión, no se acumula una nueva contribución de porciones de frío:

Si el intermediario alcanza o supera el umbral, se genera una contribución de porciones de frío:

Tras esa conversión, el estado del intermediario se actualiza descontando la parte convertida:

La acumulación total se obtiene sumando las contribuciones horarias:

Resumen algorítmico del modelo dinámico

Recuadro técnico 3b. Secuencia operativa para el cálculo horario de CP.

Esta presentación resume la lógica algorítmica del modelo. En una implementación computacional completa deben respetarse los detalles numéricos de la versión elegida, incluyendo el tratamiento exacto del paso temporal, la estabilidad de la función sigmoidal y la convención usada para convertir °C a Kelvin.

Las CP no deben calcularse mediante una simple tabla de rangos térmicos ni estimarse visualmente a partir de temperaturas medias. Requieren datos horarios de calidad, una implementación documentada y una definición explícita del periodo de acumulación.

Desde el punto de vista agronómico, las CP intentan aproximar el frío que realmente queda consolidado en el proceso de salida de dormancia. Por eso son especialmente útiles en zonas con inviernos variables, donde las horas frío pueden ofrecer una lectura demasiado optimista. Aun así, tampoco deben interpretarse como un umbral universal: su valor depende del cultivar, del criterio fenológico utilizado, de la serie climática, de la calidad del registro térmico y de la validación local.

Nota de validación La formulación anterior resume la lógica del modelo dinámico descrito por Fishman et al. y Erez et al., y debe implementarse con parámetros y convenciones numéricas explícitas cuando se use para comparar campañas, estaciones o cultivares.

4.4. Grados-hora de crecimiento (GDH)

Los grados-hora de crecimiento (GDH) cuantifican el calor efectivo acumulado durante la fase de forcing, una vez que la yema ha superado la limitación principal de frío. No son una medida de frío invernal, sino de avance térmico hacia brotación o floración. Por ello, en cerezo se han usado para estimar el calor requerido hasta floración y para comparar respuestas cultivar-específicas (Fadón et al., 2021; Santolaria et al., 2026).

Una formulación ampliamente utilizada es el modelo de GDH de Anderson et al. (1986), implementado también en herramientas de cálculo agroclimático como chillR. Esta formulación utiliza temperatura horaria y define tres umbrales: una temperatura base, una temperatura óptima y una temperatura crítica superior. Por debajo de la temperatura base no se acumula calor efectivo; entre la base y el óptimo la respuesta aumenta de forma curvilínea; entre el óptimo y la temperatura crítica la respuesta disminuye; y por encima de la temperatura crítica la acumulación se considera nula.

Recuadro técnico 4a. Parámetros habituales del modelo GDH de Anderson et al. (1986).

ParámetroValor habitualInterpretación
Tᴮ4 °CTemperatura base: por debajo de este valor no se considera crecimiento efectivo.
Tᵁ25 °CTemperatura óptima: respuesta térmica máxima.
Tᶜ36 °CTemperatura crítica superior: por encima de este valor la acumulación se considera nula.
A = Tᵁ − Tᴮ21 °CAmplitud térmica entre la base y el óptimo.
F1Factor de estrés. En ausencia de correcciones específicas suele asumirse F = 1.

Para una temperatura horaria Tʰ, la contribución horaria puede expresarse de forma operativa como:

Recuadro técnico 4b. Definición por tramos de GDHₕ.

Condición térmica horariaContribución GDHʰ
Tʰ < Tᴮ  o  Tʰ > Tᶜ0
Tᴮ ≤ Tʰ ≤ TᵁF × (A/2) × [1 + cos(π + π × (Tʰ − Tᴮ)/(Tᵁ − Tᴮ))]
Tᵁ < Tʰ ≤ TᶜF × A × [1 + cos(π/2 + (π/2) × (Tʰ − Tᵁ)/(Tᶜ − Tᵁ))]

La acumulación total durante el periodo de forcing se obtiene sumando las contribuciones horarias:

GDH = Σ GDHʰ

En términos prácticos, el cálculo puede resumirse así:

PasoOperación
1Leer la serie de temperaturas horarias del periodo de forcing.
2Definir Tᴮ, Tᵁ, Tᶜ, A y F.
3Calcular GDHʰ para cada hora según el tramo térmico correspondiente.
4Asignar 0 cuando Tʰ esté por debajo de Tᴮ o por encima de Tᶜ.
5Sumar las contribuciones horarias para obtener el GDH acumulado.
6Comparar el acumulado con el requerimiento de calor del cultivar y con la fenología observada.

La interpretación agronómica debe ser estricta: los GDH describen el calor acumulado después del frío, no la satisfacción de la dormancia. Un informe técnico debe mostrar por separado frío acumulado (CH, CU o CP) y calor posterior (GDH), porque ambos representan fases fisiológicas distintas.

El forcing primaveral puede acelerar la floración en yemas fisiológicamente preparadas, pero no corrige indefinidamente un déficit fuerte de frío. Si la endodormancia no se ha liberado adecuadamente, una primavera cálida puede producir respuestas irregulares: brotación desigual, floración escalonada o menor sincronía entre cultivares.

Para una herramienta de cálculo, los GDH deben implementarse a partir de temperatura horaria y con indicación explícita de los umbrales utilizados. Si se emplea otra formulación —por ejemplo, un modelo lineal, otro valor de temperatura base o una temperatura crítica distinta—, el resultado no es directamente comparable con el modelo de Anderson et al. (1986).

Nota de validación. La formulación anterior se basa en el modelo de GDH de Anderson et al. (1986), utilizado en estudios fenológicos y en herramientas agroclimáticas. En cualquier implementación práctica deben declararse los umbrales térmicos y el periodo de acumulación empleados.

5. Requerimientos varietales: bajo frío, alto frío y alto calor no significan lo mismo

Una parte del valor técnico de los modelos aparece cuando se comparan cultivares. Los valores publicados muestran que el frío requerido y el calor posterior no siempre evolucionan en paralelo. Un cultivar puede tener bajo requerimiento de frío y, aun así, exigir mucho calor para alcanzar la floración; otro puede requerir mucho frío, pero no necesariamente el mayor forcing posterior.

La siguiente tabla no debe usarse como ficha varietal universal. Los valores dependen de la región, la serie climática, el método estadístico, el criterio fenológico y el modelo usado. Su utilidad es mostrar diferencias de orden y evitar interpretaciones simplistas.

Tabla 3. Cultivares y grupos contrastantes: valores publicados y lectura técnica

Cultivar / grupoFrío reportadoCalor reportadoLectura técnicaFuente
Cultivares tradicionales evaluados en Fadón et al. (2023)26,1-60,2 CP5.473-8.030 GDHAmplio rango de adaptación; no todos los cultivares evaluados responden igual al invierno.Fadón et al. (2023)
CristobalinaAprox. 26,1 CP; bajo requerimiento relativoReferencia de bajo requerimiento de frío; puede ser útil en zonas suaves, pero requiere vigilar adelanto fenológico.Alburquerque et al. (2008); Fadón et al. (2023)
Blanca de ProvenzaAprox. 60,2 CP; alto dentro del estudio citadoEjemplo de mayor exigencia relativa de frío; riesgo en zonas con inviernos insuficientes.Fadón et al. (2023)
Taleguera BrillanteNo reportado de forma aislada en esta síntesisAprox. 8.000 GDH; alto dentro del estudioÚtil para recordar que el calor posterior también define comportamiento fenológico.Fadón et al. (2023)
20 cultivares comerciales51,6-65,2 CP; 779-1.008 CH; 728-1.150 CU4.994-7.315 GDHRango útil para mostrar que CH, CU, CP y GDH no son intercambiables.Fadón et al. (2021)
Lapins60,4 CP; intervalo 80 %: 53,8-67,5 CP5.653 GDH; intervalo 80 %: 4.871-6.280 GDHCultivar comercial con requerimiento relativamente alto en esa serie; no usar como valor universal.Fadón et al. (2021)
Symphony37,6 ± 4,5 CP; 445 ± 69 CH; 685 ± 22 CU9.992 ± 929 GDHEjemplo clave: bajo frío relativo, pero alto calor posterior. Santolaria et al. (2026)
Sentennial66,6 ± 5,6 CP; 934 ± 210 CH; 1.330 ± 242 CU7.707 ± 70 GDHAlto requerimiento de frío; mayor riesgo de insuficiencia bajo inviernos cálidos.Santolaria et al. (2026)

Esta comparación deja tres mensajes importantes. Primero, “bajo requerimiento de frío” no equivale automáticamente a “bajo riesgo”. Segundo, el requerimiento de calor posterior puede cambiar la lectura de un cultivar. Tercero, los valores no deben separarse de la zona y de la fenología observada. Un número de CP o GDH sin contexto puede ser tan engañoso como una cifra aislada de horas frío.

6. Frío y calor no son intercambiables

La relación entre frío invernal y calor primaveral es una de las claves de la floración. Los estudios de respuesta cultivar-específica muestran que las fechas de floración pueden depender de condiciones durante la fase de chilling, durante la fase de forcing o de ambas, según el cultivar (Fadón et al., 2021).

En condiciones experimentales, el incremento de forcing puede compensar parcialmente déficits moderados de frío, pero esa compensación tiene límites fisiológicos. Kaufmann y Blanke (2019), utilizando cerezo como modelo, mostraron que la sustitución de frío invernal por calor primaveral no debe interpretarse como una equivalencia indefinida. La yema necesita haber avanzado suficientemente en la liberación de dormancia para responder de forma ordenada al calor.

Esto explica por qué una primavera cálida después de un invierno insuficiente puede generar floración irregular, no necesariamente una floración normal adelantada. El calor puede acelerar yemas preparadas, pero no resuelve por completo una endodormancia mal satisfecha.

Tabla 4. Situaciones de campaña y lectura técnica del riesgo

SituaciónLectura fisiológicaRiesgo técnicoQué mirar en campo
Bajo frío + primavera cálidaForcing rápido sobre yemas parcialmente liberadas.Brotación irregular, floración desuniforme y problemas de sincronía.Distribución de yemas brotadas, uniformidad de floración, EPP y cuajado.
Frío suficiente + primavera cálidaYemas preparadas avanzan rápidamente.Adelanto de floración y mayor exposición a heladas tardías.GDH acumulados, predicción de heladas, fenología BBCH.
Frío suficiente + primavera lentaTransición más gradual hacia floración.Menor aceleración fenológica, pero riesgo de heladas sigue presente.Estado de yema, temperaturas mínimas, evolución diaria.
Invierno con oscilaciones cálidasLos modelos pueden divergir.CH puede dar lectura demasiado optimista; CU puede penalizar mucho.Comparar CH, CU y CP; priorizar datos horarios.
Cultivar bajo frío en sitio fríoFrío satisfecho temprano.Adelanto fenológico y exposición a heladas.Fecha de hinchado, floración y probabilidad de frío primaveral.
Cultivar alto frío en sitio suaveRiesgo de no completar requerimiento.Floración irregular, retrasada o incompleta.CP acumuladas, uniformidad de brotación, historial local.

7. Salida de dormancia y heladas: cuando la yema gana actividad, pierde resistencia

El avance de la yema hacia brotación y floración tiene una consecuencia crítica: aumenta la sensibilidad a las heladas. Durante la dormancia, las yemas pueden evitar daños mediante superenfriamiento y aislamiento de hielo en espacios extraorgánicos. A medida que se rehidratan y se restablece la conectividad vascular, disminuye la capacidad de evitar la congelación (Houghton et al., 2024).

Por eso, satisfacer el frío no es “cerrar” el problema. En muchos casos abre una nueva ventana de vigilancia: la yema ya puede responder al calor y avanzar hacia estados fenológicos sensibles. Salazar-Gutiérrez et al. (2014) mostraron que la resistencia al frío de yemas florales varía fuertemente con la fenología. Matzneller et al. (2016) y otros trabajos sobre vulnerabilidad a heladas primaverales refuerzan que los umbrales deben interpretarse por estado, órgano, cultivar y método de medida.

Desde el punto de vista práctico, una variedad de bajo frío puede ser interesante en inviernos suaves, pero si florece demasiado pronto puede aumentar su exposición a heladas. La adaptación varietal debe considerar simultáneamente satisfacción de frío, requerimiento de calor, fecha de floración, probabilidad de heladas y ventana comercial.

8. Del modelo térmico al diagnóstico de huerto

Los modelos de frío y calor no deben interpretarse como una respuesta cerrada, sino como herramientas de diagnóstico. Su utilidad aumenta cuando se combinan con información fenológica, varietal y agronómica de la parcela. En cerezo, el mismo acumulado de frío puede tener consecuencias distintas según el cultivar, el estado fisiológico del árbol, la carga previa, el vigor, la disponibilidad de reservas, el microclima y la velocidad con la que se acumula calor primaveral.

Esta perspectiva es importante porque la yema floral no llega al invierno en una condición neutra. Su comportamiento durante la dormancia depende, en parte, de cómo se construyó durante el ciclo anterior: inducción floral, diferenciación, balance vegetativo-reproductivo, estado nutricional, estrés hídrico o térmico y acumulación de reservas. Por ello, el frío invernal debe leerse dentro de una secuencia anual, no como un fenómeno aislado que empieza y termina en invierno.

Desde el punto de vista técnico, el primer paso no es multiplicar recomendaciones, sino mejorar el diagnóstico. Para ello, conviene integrar al menos cuatro niveles de información: datos horarios de temperatura, cálculo explícito de CH, CU, CP y GDH, observación fenológica de yemas y floración, y comportamiento histórico de cada cultivar en la zona. Esta combinación permite detectar si una campaña presenta bajo frío real, divergencias entre modelos, acumulación rápida de forcing o riesgo de adelanto fenológico.

El seguimiento local es especialmente relevante en zonas de montaña, valles o áreas con alta variabilidad microclimática. Una estación meteorológica puede describir bien la tendencia comarcal, pero no necesariamente representar todas las parcelas. Diferencias de altitud, orientación, inversión térmica, cubierta del suelo, ventilación o acumulación de aire frío pueden modificar tanto la satisfacción del frío como la velocidad de avance primaveral.

Por tanto, el valor de los modelos no está en sustituir la observación de campo, sino en ordenar la interpretación. Las horas frío aportan una lectura inicial; las unidades Utah introducen el efecto de temperaturas cálidas; las porciones de frío estiman mejor el frío consolidado; y los GDH permiten seguir el forcing posterior. Solo cuando estas métricas se contrastan con la fenología observada y con la respuesta varietal real pueden convertirse en una herramienta útil para la toma de decisiones.

Bibliografía

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