Donde la pasión por la cereza se une con la investigacion y la tecnología. Impulsado por:

Boro foliar frente al agrietado de la cereza ‘Bing’

📓 Referencia completa: Ahmadzai, M., Samadi, G. R., & Faizi, Z. (2026). Effects of Different Levels of Boron on Fruit Cracking and Quality of Sweet Cherry. Journal of Natural Science Review, 4(2), 498–509. DOI: https://doi.org/10.62810/jnsr.v4i2.461.
🔗 Acceso abierto: https://kujnsr.com/JNSR/article/view/461.

El agrietado de la cereza aparece cuando la piel del fruto no consigue soportar la tensión interna asociada a la absorción de agua, la expansión celular y la maduración. En ‘Bing’, un ensayo realizado en Kabul durante 2024 evaluó si el boro foliar podía reforzar esa integridad estructural. La respuesta fue consistente: las dosis más altas redujeron tanto la incidencia del agrietado como la severidad de las grietas.

Un ensayo de campo en una zona continental de Afganistán

El estudio se desarrolló en Malang Village, distrito de Khak-e-Jabar, provincia de Kabul, a 1.985 m de altitud. El suelo del huerto se describió como franco arenoso, con pH 6,5, y el clima local como continental, con veranos cálidos y secos e inviernos fríos. Este marco climático es relevante porque el agrietado de la cereza no depende solo de la variedad: la humedad, la temperatura, la precipitación, el manejo del agua y el estado nutricional pueden modificar la resistencia de la piel y la susceptibilidad del fruto.

Los autores trabajaron con 125 árboles de diez años de la variedad ‘Bing’, distribuidos en un diseño de bloques completos al azar con cinco tratamientos y cuatro repeticiones. Las aplicaciones foliares de Boron Plus 5% se compararon con un control sin boro y con dosis de 2, 3, 4 y 5 mL L⁻¹. Las pulverizaciones se realizaron en tres momentos fenológicos: plena floración, estado de fruto tamaño guisante y aproximadamente 10–11 días antes de la maduración. La evaluación incluyó el porcentaje de frutos sanos y agrietados, la longitud de las grietas y una valoración sensorial de apariencia, color, textura, sabor y aceptabilidad global mediante una escala de 1 a 5.

La dosis de 5 mL L⁻¹ redujo con claridad la incidencia del daño

El patrón fue muy definido en los tres estados de madurez evaluados. A mitad de maduración, el control presentó un 9,12% de frutos agrietados, mientras que el tratamiento con 5 mL L⁻¹ redujo esa cifra al 1,24%. A plena madurez, la diferencia se mantuvo: el control alcanzó el 12,30% de frutos agrietados, frente al 2,02% en la dosis más alta de boro. En términos de fruta sana, el tratamiento T5 conservó el 97,98% de los frutos sin agrietado a plena madurez, frente al 87,70% del control.

El tratamiento de 4 mL L⁻¹ también mostró un comportamiento favorable, con un 3,89% de frutos agrietados a plena madurez. En cambio, las dosis de 2 y 3 mL L⁻¹ mejoraron la respuesta respecto al control, pero quedaron por debajo de las dosis superiores. Este gradiente dosis-respuesta es uno de los aspectos más sólidos del trabajo, porque permite interpretar el efecto del boro no como una respuesta aislada, sino como una tendencia agronómica coherente dentro de las condiciones del ensayo.

Menor severidad de la grieta y mejora de la textura

La aportación más interesante no está solo en contar menos frutos agrietados, sino en medir la intensidad del daño. A plena madurez, la longitud media de la grieta fue de 22,56 mm en el control y de 14,31 mm en el tratamiento con 5 mL L⁻¹. Esto supone una reducción aproximada del 36,6% en la severidad de la lesión.

La explicación fisiológica propuesta por los autores se apoya en el papel del boro en la pared celular. Este micronutriente participa en la estabilidad de las pectinas y en la formación de complejos borato–pectina, lo que puede contribuir a mejorar la resistencia mecánica de la piel y de los tejidos del fruto. En una cereza próxima a madurez, esa resistencia es crítica: una piel más estable puede tolerar mejor la presión interna y retrasar o reducir la apertura de microgrietas.

Calidad sensorial: mejora clara, salvo en el color

El boro también modificó varios atributos de calidad. La apariencia pasó de 3,10 en el control a 4,80 con 5 mL L⁻¹, y la textura aumentó de 3,00 a 5,00. El sabor también mejoró, con las puntuaciones más altas en los tratamientos de 4 y 5 mL L⁻¹. Sin embargo, el color no mostró diferencias significativas, un dato importante para no sobredimensionar el efecto del tratamiento.

En aceptabilidad global, todos los tratamientos con boro se situaron en valores altos, entre 4,50 y 4,60, claramente por encima del control. Por tanto, el estudio no solo apunta a una reducción del agrietado, sino también a una mejora percibida de la calidad del fruto. Aun así, la lectura debe ser prudente: se trata de una campaña, una variedad y una localización concreta. Los propios autores plantean como futuro paso estudiar combinaciones de boro con calcio y zinc, además de comparar la respuesta entre diferentes variedades.

El valor del trabajo está en mostrar que la nutrición foliar, aplicada en momentos fenológicos precisos, puede formar parte de una estrategia para reducir el agrietado de la cereza; su aplicación práctica exigirá confirmar la respuesta en más condiciones de cultivo.

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp

Hola, 👋 Encantados de conocerte.

Regístrate para recibir contenido interesante en tu bandeja de entrada, cada mes.

Subscribe to My Newsletter

Subscribe to my weekly newsletter. I don’t send any spam email ever!