📓 Referencia completa: Nieto-Serrano, E., Campillo, C., Prieto, M. H., & Blanco, V. (2026). Impact of altitude and irrigation on sweet cherry tree water status and fruit production in the mountain agroecosystem of the Jerte valley. Scientia Horticulturae, 359, 114765. DOI: 10.1016/j.scienta.2026.114765.
🔗 Acceso abierto: artículo disponible en abierto.
Gradiente altitudinal y demanda hídrica en el cerezo del Jerte
¿Puede manejarse igual el riego en dos fincas del Jerte separadas por más de 500 metros de altitud? Este trabajo demuestra que no. En ‘Lapins’, el gradiente entre 480 y 1030 m modifica de forma clara el microclima, la demanda evaporativa y el estado hídrico del árbol, y con ello también condiciona el tamaño final del fruto.
La parcela baja fue sistemáticamente más cálida y seca. A 480 m, las temperaturas medias anuales fueron 17.6 y 17.1 °C en 2023 y 2024, frente a 13.8 y 13.5 °C a 1030 m. Además, el déficit de presión de vapor, es decir, la fuerza con la que la atmósfera “tira” del agua del árbol, alcanzó 6.3–6.6 kPa a baja altitud y 4.2–4.7 kPa a alta altitud. También la evapotranspiración estacional del cultivo fue mucho mayor en la finca baja: 609 y 574 mm, frente a 288 y 352 mm en la alta.
Diseño experimental en dos cotas y dos estrategias de riego
El ensayo se realizó en dos huertos comerciales de El Torno, ambos con ‘Lapins’ sobre Prunus avium, durante 2023 y 2024, con evaluación de cosecha también en 2025. La finca de 480 m tenía árboles de 9 años y la de 1030 m árboles de 4 años, un matiz importante porque obliga a interpretar con prudencia algunas variables de crecimiento y eficiencia productiva.
En cada altitud se compararon dos estrategias. La primera fue el manejo habitual del agricultor, con un volumen fijo diario. La segunda fue un riego deficitario controlado o RDI, que aportó el 100 % de la evapotranspiración del cultivo en preharvest y durante los primeros 20 días tras la cosecha, y después solo el 25 % en el periodo considerado no crítico. Los autores siguieron la fenología con escala BBCH (Biologische Bundesanstalt, Bundessortenamt und Chemische Industrie), el crecimiento del fruto, el potencial hídrico de tallo mediante cámara de presión, el potencial hídrico de tronco con microtensiómetros y la conductancia estomática.
Fenología, crecimiento del fruto y estado hídrico del árbol
La altitud retrasó claramente el ciclo. La plena floración se observó en el día del año 89 y 86 a 480 m en 2023 y 2024, mientras que a 1030 m ocurrió en el día 96 en ambos años. La cosecha también se desplazó: en la finca alta llegó 42 días más tarde en 2023 y 25 días más tarde en 2024. Ese retraso no fue una penalización, sino parte de un desarrollo más largo del fruto.
De hecho, aunque el crecimiento empezó antes a 480 m, el tamaño final fue mayor a 1030 m. En 2024, los frutos bajo RDI alcanzaron aproximadamente 27–28 mm a 480 m y 29–30 mm a 1030 m, mientras que con el manejo del agricultor quedaron en 25–26 mm y 28–29 mm, respectivamente. El efecto de la altitud y la interacción entre altitud y riego fueron significativos.

Dinámica de crecimiento del diámetro ecuatorial en ‘Lapins’ a 480 y 1030 m. El gráfico muestra que el fruto empieza a crecer antes a baja altitud, pero alcanza mayor tamaño final en la finca alta, con ventaja adicional del riego deficitario controlado. Nieto-Serrano et al., 2026, Scientia Horticulturae, CC BY 4.0
Respuesta fisiológica al riego deficitario controlado
El estado hídrico confirmó ese patrón. A 480 m, los árboles con manejo convencional descendieron con frecuencia por debajo de −2.0 MPa de potencial hídrico de tallo, y en 2023 se aproximaron a −2.5 MPa en el periodo de mayor demanda evaporativa. Bajo RDI, en cambio, los valores se mantuvieron normalmente entre −1.2 y −1.6 MPa. A 1030 m, tanto FRM como RDI mostraron valores bastante menos negativos, entre −0.7 y −1.2 MPa.
Los microtensiómetros siguieron bien esta dinámica y mostraron una relación clara entre el potencial hídrico de tronco y el de tallo. Bajo RDI, la correlación fue fuerte, con R² = 0.72. También la conductancia estomática respondió a la altitud y al riego: desde julio, los árboles a 1030 m mantuvieron valores más altos que los de 480 m, y RDI sostuvo una apertura estomática superior a la del manejo convencional en momentos críticos.

Relación entre potencial hídrico de tronco medido con microtensiómetros y potencial hídrico de tallo medido con cámara de presión. La figura resume el valor de los sensores continuos para seguir el estado hídrico del cerezo en campo. Nieto-Serrano et al., 2026, Scientia Horticulturae, CC BY 4.0
Efectos sobre calibre, peso y distribución comercial del fruto
Donde el trabajo resulta más sólido desde el punto de vista comercial es en el calibre. Los autores no encontraron diferencias significativas entre FRM y RDI en rendimiento o eficiencia productiva dentro de cada tratamiento, pero sí en diámetro y peso del fruto. En 2024, el peso unitario pasó de 8.4 a 9.8 g en 480 m y de 11.4 a 12.6 g en 1030 m al comparar FRM con RDI.
La distribución de calibres también cambió con claridad. A 1030 m se concentró una mayor proporción de frutos grandes, superiores a 30 mm, con un máximo del 59.9 % en 2023 bajo RDI. En cambio, el mayor porcentaje de frutos pequeños, inferiores a 24 mm, apareció en 2024 a 480 m bajo FRM, con un 34.8 %. Es decir, el ambiente más cálido y la menor adaptación del riego penalizaron directamente la fracción de fruta con mayor valor comercial.

Distribución de calibres comerciales de la cereza ‘Lapins’ entre 2023 y 2025 según altitud y estrategia de riego. Nieto-Serrano et al., 2026, Scientia Horticulturae, CC BY 4.0.
Implicaciones para el riego de precisión en sistemas de montaña
La idea central del artículo es muy clara: en el Jerte no basta con regar, hay que regar según altitud y demanda real. El mismo volumen puede ser relativamente suficiente en una parcela alta y claramente insuficiente en una baja. Por eso el trabajo defiende una gestión hídrica específica por emplazamiento y sugiere que el RDI, bien ajustado y apoyado en indicadores fisiológicos, puede mejorar el tamaño del fruto sin perder de vista la eficiencia del agua. En un valle de montaña sometido a cambio climático, esa transición desde un riego uniforme hacia un riego de precisión parece menos una opción que una necesidad.









