📓 Referencia completa: Marshall, A. T., Harper, D. W., Cooper, W. R., & Pitino, M. (2026). Protective netting as a barrier against the X-disease phytoplasma vector Colladonus reductus (Hemiptera: Cicadellidae) in cherry orchards. Journal of Economic Entomology, advance article, toag109, 1–5. DOI: https://doi.org/10.1093/jee/toag109.
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En el noroeste de Estados Unidos, la X-disease del cerezo, causada por “Candidatus Phytoplasma pruni”, se ha convertido en uno de los problemas fitosanitarios más graves del cultivo. Su expansión no depende solo del patógeno, sino también de los cicadélidos que lo transmiten. Entre ellos, Colladonus reductus destaca en los huertos de Washington estudiados por Marshall y colaboradores.
Un vector clave en un problema creciente
La X-disease afecta a cultivos del género Prunus y tiene especial relevancia en cerezo por su impacto sobre el fruto y la vida útil del árbol. Según el estudio, la infección por “Ca. P. pruni” se manifiesta inicialmente con frutos de menor tamaño y alteraciones en el desarrollo del color y del sabor, y puede terminar provocando la muerte del árbol. En un sector con un valor anual superior a 800 millones de dólares en Estados Unidos, y con Washington aportando más de la mitad de esa producción, el problema tiene una dimensión económica evidente. Las pérdidas estimadas por X-disease en cereza entre 2015 y 2020 superaron los 65 millones de dólares.
La gestión actual se basa en el seguimiento del vector, la eliminación de árboles infectados y aplicaciones insecticidas repetidas. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones, especialmente cuando se necesita una protección sostenida durante toda la campaña o cuando las opciones químicas son reducidas. En este contexto, el estudio evaluó una alternativa física y preventiva: el uso de mallas protectoras para impedir que C. reductus alcance los árboles.
Ensayos de campo con cuatro tipos de malla
El trabajo se desarrolló entre 2024 y 2025 en dos huertos comerciales de cerezo situados en Buena, Washington, seleccionados por su historial de presencia de “Ca. P. pruni” y presión del vector. Los autores realizaron tres ensayos independientes: uno en agosto de 2024, en un huerto de ocho años con alta presión de C. reductus, y dos en 2025, en agosto y octubre, en un huerto de quince años con presión moderada.
Se compararon cuatro tipos de malla frente a un control sin cobertura: dos mallas de sombreo, del 20% y del 30%, y dos mallas de exclusión, Mesh 25 y Mesh 50. Cada tratamiento se instaló sobre pequeños cerramientos de madera de 1,2 × 0,6 × 0,9 m, que contenían cinco plantas jóvenes de Prunus libres de patógeno. En los ensayos 1 y 2 se utilizaron plantas de cerezo, mientras que en el ensayo 3 se emplearon plantas de melocotonero, otro cultivo susceptible.
La entrada del vector se midió mediante trampas adhesivas amarillas y transparentes. Las amarillas son atractivas para C. reductus y aumentan la captura, mientras que las transparentes permiten observar mejor el movimiento natural del insecto hacia las plantas. Además, los adultos recogidos en la vegetación del entorno se analizaron mediante qPCR, una técnica molecular que permite detectar el ADN del fitoplasma en el insecto.
Exclusión casi total con mallas finas
El resultado principal fue muy claro: todos los tratamientos con malla redujeron significativamente las capturas de C. reductus frente al control sin cubrir. Las mallas finas ofrecieron la mayor eficacia. Mesh 50 redujo la abundancia del vector en un 98,06% con trampas amarillas y un 97,41% con trampas transparentes. Mesh 25 alcanzó reducciones todavía mayores, del 99,21% y 99,69%, respectivamente.
Las mallas de sombreo también mostraron un efecto importante, aunque inferior al de las mallas de exclusión. La malla del 30% redujo las capturas en torno al 90%, y la del 20% se situó entre el 90,91% y el 92,68%, según el tipo de trampa. La consistencia de estos resultados entre ensayos y colores de trampa llevó a los autores a interpretar que la protección se debía principalmente a una barrera física, más que a un cambio en el comportamiento del insecto.
Este punto es especialmente relevante porque los ensayos se realizaron bajo una presión epidemiológica elevada. En 2024, el 73,3% de los 30 adultos analizados fue positivo a “Ca. P. pruni”; en 2025, la tasa fue del 56,25% en 48 adultos. Es decir, las mallas funcionaron en un escenario de riesgo real, con una proporción elevada de vectores infectados en el ambiente.
Potencial para plantaciones jóvenes
El estudio no demuestra todavía una reducción directa de la transmisión del fitoplasma, ya que las plantas del ensayo no se analizaron posteriormente. Los autores explican que la detección de “Ca. P. pruni” en Prunus puede tardar años debido a su distribución irregular dentro de la planta. Aun así, la exclusión casi total del vector en los tratamientos Mesh 25 y Mesh 50 constituye una prueba de concepto sólida.
La aplicación más inmediata estaría en plantaciones jóvenes, donde la protección temprana resulta crítica y la ausencia de cosecha facilita el uso de coberturas continuas. En esta fase, las mallas podrían reducir la dependencia de insecticidas y aportar una barrera estable, sin lavado ni necesidad de reaplicación. Quedan por evaluar sus efectos en árboles adultos, luz, microclima, cosecha y control biológico, pero el estudio muestra que impedir físicamente el contacto entre vector y árbol puede reforzar el manejo integrado de la X-disease en cerezo.









