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24-epibrasinólido en cereza: menos cracking y más calidad en ‘Sunburst’ y ‘Skeena’

📓 Referencia completa: Garrido-Auñón, F., Puente-Moreno, J., García-Pastor, M. E., Agulló, V., Valero, D., & Serrano, M. (2026). Preharvest Treatment with 24-Epibrassinolide Enhances Resilience to Fruit Cracking, Yield and Quality Traits in Two Sweet Cherry Cultivars. International Journal of Molecular Sciences, 27, 2793. https://doi.org/10.3390/ijms27062793

🔗 Acceso abierto: Sí. Artículo disponible en acceso abierto, bajo licencia CC BY.


Dos campañas, dos cultivares y una pregunta agronómica clara

¿Puede una hormona vegetal aplicada antes de la cosecha ayudar a la cereza a resistir mejor un episodio de lluvia extrema sin sacrificar calidad? Este trabajo aborda esa pregunta con dos cultivares tardíos, ‘Sunburst’ y ‘Skeena’, y con un compuesto concreto: el 24-epibrasinólido, un brasinoesteroide, es decir, una hormona esteroidea vegetal implicada en división, elongación y expansión celular. Los autores plantean el estudio en un contexto muy reconocible para el sector: el aumento de los episodios meteorológicos adversos y, en particular, el cracking inducido por lluvia, uno de los problemas más costosos en cereza.

Ensayo de campo en Alcoy con aplicaciones preharvest

El experimento se realizó en Alcoy (Alicante) durante dos campañas, 2022 y 2023, sobre árboles de ‘Sunburst’ y ‘Skeena’. En 2022 se ensayaron tres dosis de 24-epibrasinólido —0.01, 0.1 y 1 µM— y, tras observar que las mejores respuestas se concentraban en las dos dosis más bajas, en 2023 se repitió el tratamiento solo con 0.01 y 0.1 µM. Las aplicaciones foliares se hicieron en tres momentos del desarrollo: endurecimiento de hueso, inicio del cambio de color y tres días antes de la recolección. A partir de ahí se evaluaron crecimiento del fruto, cracking, rendimiento comercial, peso, firmeza, color, sólidos solubles totales, acidez titulable, índice de madurez, antocianos totales y fenoles totales.

Menos cracking y mejor comportamiento productivo

Los resultados más llamativos aparecieron en 2023, una campaña marcada por lluvias excepcionales. En ese escenario, el cracking superó el 60% en los controles de ‘Sunburst’ y rondó el 20% en ‘Skeena’, pero las aplicaciones de 0.01 y 0.1 µM redujeron significativamente esa incidencia: más de un 30% en ‘Sunburst’ y más de un 50% en ‘Skeena’. No es un detalle menor, porque el estudio precisamente demuestra su utilidad bajo una campaña climáticamente desfavorable.

Ese efecto protector vino acompañado de mejoras de calibre y rendimiento. En 2022, la dosis de 0.1 µM fue la que mostró la respuesta más consistente. En ‘Sunburst’, alcanzó 22.01 ± 2.70 kg árbol⁻¹ de producción comercial; en ‘Skeena’, 30.22 ± 1.10 kg árbol⁻¹, además de un peso medio de fruto de 9.31 ± 0.21 g. También aumentó el diámetro ecuatorial durante el desarrollo, con valores finales de 30.45 ± 0.21 mm en ‘Sunburst’ y 29.95 ± 0.46 mm en ‘Skeena’. En conjunto, el patrón es claro: la dosis intermedia fue más eficaz que 1 µM, lo que refuerza la idea de que no basta con aplicar más, sino con ajustar bien la concentración.

Firmeza, color y compuestos bioactivos

La mejora no se limitó al rendimiento. La firmeza aumentó en ambos cultivares y en las dos campañas, incluso en 2023, cuando la lluvia redujo la firmeza general respecto a 2022. Al mismo tiempo, el ángulo hue disminuyó, lo que indica una coloración roja más intensa. En paralelo, también se incrementaron los compuestos bioactivos. En ‘Sunburst’, 0.1 µM elevó los antocianos hasta 56.6 ± 1.88 mg 100 g⁻¹ en 2022; en ‘Skeena’, esa misma dosis supuso un aumento del 69% en la primera campaña y del 64% en la segunda respecto al control. Los fenoles totales siguieron la misma tendencia, con máximos especialmente marcados en ‘Skeena’, donde 0.1 µM alcanzó 247.21 ± 2.61 mg 100 g⁻¹ en 2023.

Una herramienta preharvest con interés real

El mensaje final del trabajo es muy sólido: el 24-epibrasinólido, sobre todo a 0.1 µM, no solo mejora la calidad comercial de la cereza, sino que también puede actuar como herramienta preharvest frente a campañas de alto riesgo por lluvia. En un cultivo donde perder firmeza, color o integridad de piel significa perder valor, este tipo de estrategias cobra especial interés para una postcosecha cada vez más condicionada por el clima.

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